JUEGOS Y CANCIONES
CANCIÓN
Catapúm, chin,chin
Si te dan chocolate, pum catapúm, chin, chin, tómalo, boba, que la Reina de España, pu, catapúm, chin, chin, también lo toma. si te dan chocolate, tómalo, tómalo, que la Reina de España también lo tomó.
¡A la ollera, a la puchera...!
A la ollera,
A la puchera,
Amagar
y no dar.
Dar sin reír,
Dar sin hablar.
Dar un pellizquito en el culo,
Y echar a volar.
Y mientras la "madre", que era la persona mayor que divertía a los pequeños, iba cantando esta retahíla, todos los que jugábamos dábamos golpes en la espalda o en el culo de quien se la quedaba que estaba inclinado, apoyando la cabeza en las rodillas de la madre que estaba sentada. Un golpe por la ollora, otro por la puchera, se amagaba y no se daba en los dos siguientes, se daba sin reír y sin hablar. Si alguien se equivocaba, se la quedaba. En el penúltimo, en que se hacía lo que decía y en el último en que todos salíamos corriendo.
Cuando la madre era una persona mayor, se respetaban las formas. Pero si era uno de nosotros, los golpes eran golpes, y el pellizquito se convertía simplemente en pellizco o en retorcido.
-¿Suelto la
jaula?- gritaba la madre.
-Suéltela usted- contestábamos todos. Y
la madre:
-Pajaritos a esconder, que ¿la liebre? va a
correr.
Y el que se la quedaba pretendía coger a culaquiera de los demás jugadores para que lo sustituyese.
De vez en cuando,
la madre gritaba:
-Dedo, dedo,- y levantaba un brazo y extendía
un dedo. Todo jugador que agarrase el dedo de la madre estaba a salvo. Si todos
lo lograban, volvía a quedársela el mismo. Si cogía a alguno, era este el que
se la quedaba.
De todos modos,
cuando dirigía una persona mayor, el dedo siempre se bajaba cuando acudían los
que más corrían y los dejaba a merced. Si por el contrario se jugaba entre
chicos, acababa siendo un suplicio para el menos hábil que era el que se la
acababa quedando siempre.