OPINIONES DE AYER
¿NO PASA NADA?
Nadie habla de la Enseñanza Primaria. Los medios de comunicación ylos debates
donde
la Reforma ha introducido una reestructuración en los centros y en el colectivo
docente, donde surgen los agravios comparativos con el sistema educativo
anterior, donde se hacen los diagnósticos sobre el fracaso escolar o el bajo
rendimiento del alumnado. Por eso la ESO es noticia. La Primaria, por el
contrario, es incapaz de arrancar un titular. Porque este tramo de la enseñanza,
aparentemente, es una balsa de aceite donde nunca pasa nada. Y es por ello que
muchas personas se olvidan olimpicamente de ella y otras incluso se atreven a
decir que va bien, que aquí no hay problemas. Que éstos vienen después.
Pero
en éste, como en otros casos, las apariencias son engañosamente perversas. La
primera alarma nos descubre que tras esta calma se esconden grandes dosis de
apatía, conformismo e inercia por parte de amplios sectores docentes que llevan
años cómodamente instalados en sus centros —o, para ser más precisos, en
sus aulas—. En este nivel de la enseñanza se ha perdido gas innovador, se
anda demasiado desfondado y se han dejado demasiados proyectos e ilusiones por
el camino. También las Administraciones educativas —la central y las de las
diversas CC.AA.— han bajado sensiblemente la guardia a la hora de alentar,
promover y sostener los proyectos y procesos de innovación educativa.
El
panorama actual de la Primaria no invita al optimismo. A poco que se hurgue se verá que las
prácticas escolares cotidianas están teñidas de la pedagogía tradicional más
rancia, aunque con algunos toques de modernidad, porque ahora se usa el
ordenador o se sale del aula. Pero poco más. Las pedagogías realmente
progresistas —las que enseñan a socializar al sujeto y a darle una sólida
formación que le ayude a comprender el mundo en que vivimos— van
retrocediendo, mientras que ganan terreno las ideologías tecnocráticas que no
hacen más que burocratizar aún más la vida de los centros y vaciar de
contenido objetivos y actividades.
En nuestras escuelas se pierde mucho tiempo en actividades inútiles y en transmitir conocimientos escasamente formativos. Además se recurre casi unidimensionalmente al libro de texto y a las denostadas fichas, despreciando otras fuentes de información y aprendizaje de gran potencial educativo. El resultado es que se lee poco, se escribe mal y se habla peor. Por eso el alumnado accede a la ESO con enormes carencias. Para intentar paliar este estado de cosas, hace falta desarrollar proyectos colectivos de centro, un trabajo colabomtivo y la conciencia de todos los implicados en este ámbito. Claro que afortunadamente existen loables y significativas excepciones. Pero hay que ver lo poco que la Administración las reconoce e incentiva.
Cuadernos
de Pedagogía nº 277, febrero de 1999