OPINIONES DE AYER

En 1978 se puso en marcha, por iniciativa de varias revistas, la organización de unas Primeras Jornadas Estatales de Movimientos de Renovación Pedagógica. En ese momento empezaban a surgir numerosas escuelas de verano, que venían a sumarse a las más veteranas y consolidadas. Más allá de algunas reticencias ante la posibilidad de burocratismo o de pérdida de la autonomía de cada colectivo, esos encuentros han tenido una indiscutible utilidad a pesar de su precariedad y voluntarismo.

 Siendo críticos hay que señalar que esa utilidad no ha sido excesiva en los aspectos organizativos y de coordinación entre los diversos grupos de renovación pedagógica, justamente por esos factores de inseguridad y falta de recursos que, en su gran mayoría, han hipotecado sus actividades. Ahora bien, si no se ha dado una eficacia organizativa excesiva si se ha conseguido otro objetivo quizás más fundamental: el encuentro entre maestros de diversas zonas —urbanas y rurales— del Estado español, el intercambio de preocupaciones, de respuestas prácticas, de fórmulas organizativas y, por qué no, la amistad y el afecto entre quienes libran una anónima batalla diaria contra una estructura profesional que incita a la rutina y al conformismo antes que a la creatividad y la rebeldía.

La historia de esos encuentros es corta aún, pero está entrando en una nueva y esperanzadora fase de afianzamiento y de respaldo por parte de las actuales autoridades educativas. En sus inicios fueron sistemáticamente ignoradas cuando no torpedeadas por la anterior administración educativa, que Dios tenga en su gloria por muchos años.

En 1979 tuvo lugar el primer encuentro en Almagro (La Mancha); en 1980, fueron en Daroca (Aragón); en 1981, en Sevilla (Andalucía); en 1982, en San Sebastián (Euskadi) y, finalmente, este año han tenido lugar, en el mes de febrero, en Salamanca (Castilla-León). La misma ubicación de los encuentros expresa con rotundidad una idea definitoria de los mismos: el respeto a la autonomía de los colectivos y el correlativo rechazo de cual­quier pretensión uniformizadora o impositiva. Lo que no ha sido óbice para ir comprendiendo y enfatizando la profunda identidad entre todos ellos el común esfuerzo por elaborar y ofrecer un modelo de renovación pedagógica que vaya consolidando una escuela pública democrática, pluralista ligada a su medio concreto.

Del reciente encuentro de Salamaca cabe destacar un hecho important para la continuidad y la implantació de esos movimientos de renovació pedagógica: la nutrida y cordial presencia del actual equipo del Ministerio de Educación, con el propio ministro al frente. Si el gesto va más allá de lo meramente simbólico puede ser un punto de inflexión decisivo para la consolidación y extensión de esos movimientos de renovación pedagógica siempre que se resguarde la autonomía de esos colectivos frente a una inédita administración facilitadora.

El apoyo a esos grupos, no sólo pero también económico, abre una nueva etapa en su corta pero hermosa historia. Probablemente tendrán que consolidarse más, organizarse mejor y ofrece unas líneas, operativas y evaluables de trabajo, superando deficiencias, justificables por la falta de apoyo. El Ministerio quiere desburocratizarse y fomentar el protagonismo de la base según explicó el ministro, y desea ponerse al servicio de la renovación pedagógica. Esperemos ahora, tras la encantadora música de las promesas que se hicieran en Salamanca, el ritmo efectivo de los hechos.

 

Cuadernos de Pedagogía, nº 99, marzo 1983