La máquina de hacer sueños

¿Derrota del humanismo o victoria de la barbarie mecánica?

Me inclino por una posición intermedia, el ser humano ha sido el creador de la tecnología, cabezas pensantes inventaron  las máquinas.  Alvin Toffler  denominó  “choques o conflictos de olas” a las revoluciones que produjeron verdaderos cambios en la historia de la humanidad. Sitúa a la revolución agrícola como primer paso para que el hombre dejara de ser nómada, y gracias a la semilla y a su trabajo, se convirtiera en campesino. La segunda “ola” está representada por la modernidad, la revolución industrial, la de Gutemberg. Y la tercera etapa, o tercera “ola”  la postindustrial,  la revolución tecnológica, la  informática y la era espacial.

Esta revolución ha creado un movimiento que se expande a otros campos, sociales, filosóficos, personales. Las máquinas han modificado la manera de acceder al conocimiento, y no hay disciplina que no haya  sufrido y al mismo tiempo gozado de su impacto. Sin embargo, no son más que eso, productos que el hombre ha creado para mejorar su calidad de vida. No son sustitutos para paliar carencias afectivas, psicológicas, ni podrán jamás sustituir relación humana alguna.

Es maravilloso escuchar la voz grabada de alguien de tiempo atrás, y más increíble es ver la imagen de ella, pero es maravilloso por eso porque hay una voz humana susceptible de ser grabada. Los instrumentos electrónicos, son testimonios de una etapa de evolución de la sociedad. Son el producto de nuestra cultura, son cultura, si tomamos como definición de cultura a toda la producción humana. Y aquí estamos nosotros la generación adulta, tratando de encontrar un punto de equilibrio entre la idea nostálgica de conservar el viejo aparador de cocina cargado de significados, y adquirir un horno de microondas. Los dos modos de concretar la cultura conviven en nuestro universo cotidiano.

Si nos referimos a los niños, ellos nacieron cuando la televisión ya estaba inventada, de modo que sus habilidades para manejarla  son innatas. La televisión que es el instrumento que hoy nos convoca, trae a nuestra casa, un mundo fascinante, seductor y portador de “felicidad”. Ellos reciben a-críticamente lo que  sus imágenes nos ofrece, como simple consumidor que traga sin masticar cualquier información, venga de donde venga. Esta máquina de hacer sueños le ofrece a nuestros jóvenes y niños modelos a quién imitar, los que generosamente proporciona la publicidad en un tejido sutil de poder, juventud, felicidad y sexo.

Nos toca a los adultos a los padres, insertar en ese estado de cosas una cuña cuestionadora y crítica para que los niños y jóvenes no respondan a un modelo sin deseos participativos, indiferente hacia el entorno y con el corazón arrugado de escepticismo. No es entonces la sustitución de una cultura por otra sino la integración de ambas en una comunión simbólica de una nueva  cultura, la humana. Las nuevas corrientes de la comunicación ven en la televisión un medio de difusión, pues el receptor que capta el código, en este caso imagen no establece el vínculo con el emisor. Es un receptor pasivo, solo incorpora información, no hay proceso de devolución, excepto aquellos programas interactivos que hacen participar al televidente. A pesar de ello no podemos negar  la relevancia que ha tenido para el conocimiento del mundo la llegada de este aparato. La reinterpretación de lo real desde el ángulo de la percepción brinda al espectador la posibilidad de conocer la historia, la cultura, etc. en un  tiempo y en un espacio determinado. ¿Cómo comparar el conocimiento  que un niño de hoy tiene sobre el Sahara, cuya aridez inmensa ha visto en un video de la National Geografic, con el que nosotros teníamos cuando chicos, en los tiempos en que solo podíamos observarlo en el mapa?.Gracias a ese pequeño aparato nada nos es absolutamente ajeno, se ha incorporado a nuestra experiencia la vida y costumbre de otros pueblos, hasta de aquellos más recónditos a los cuales nunca llegaríamos. El espacio exterior se nos hizo conocido. El niño pequeño de nivel inicial asume con conciencia  y con sumo interés la búsqueda en el globo terráqueo de aquel  espacio llamado Uruguay. Aquello de  lo cercano a lo lejano del conocimiento espacial viró drásticamente. Los viajes interplanetarios de los héroes televisivos dieron a conocer a nuestros niños nuevos espacios, que antes eran difíciles de percibir por los pequeños. Lo próximo al niño hoy se selecciona no por la proximidad física sino por el interés afectivo que despierta en él, y eso lo ha determinado esa ventanita mágica que abrió las puertas del espacio global a nuestros hijos y por qué no a nosotros mismos. La escala espacial adquirió otra dimensión, se transformó en una multiescalaridad donde la globalidad se ha incorporado en nuestra percepción, de lo local regional, el niño ha aprendido a vincularlo con la experiencia global, naturalmente vinculó los sucesos de su propia vida con la de otros niños en otras partes del mundo por medio de los juegos y programas infantiles que entretienen sus horas.

El espectáculo de color y sonido, la tridimensionalidad, el movimiento y por que no la fantasía subyuga al más escéptico de los espectadores. Por qué entonces no disponer de esta máquina como instrumento a nuestro servicio. David Perkins, Gabriel Salimon,  AnnBrawn, Pilar Lacasa y otros al analizar en trabajos recientes el proceso del conocer de los niños  y de los adultos, sostienen que llegar a saber algo implica una acción situada y distribuida. Esto se debe a la naturaleza social y cultural del conocimiento, y al carácter social y cultural de la adquisición de ese conocimiento. El conocimiento de una persona no sólo se encuentra  en la información que almacena, o en sus habilidades  y  actuaciones  concretas, sino también en los apuntes que saca, los libros que elige para consultar, los amigos que tiene como referentes. La inteligencia se logra,  más que se posee y cobra vida en los actos cotidianos y escolares. Se funciona más inteligentemente con sistemas de apoyo físicos, sociales y simbólicos. Los entornos en los que el hombre vive están repletos de artefactos inventados que se usan constantemente para estructurar las actividades, ahorrar trabajo mental, y evitar el trabajo erróneo. La inteligencia está distribuida en los artefactos que constituyen  esas estructuras mediadoras. Esta concepción de inteligencia difiere de la clásica como atributo de los individuos. Las teorías de la educación que se construyen desde esta última concepción se refieren a una inteligencia solitaria, descontextualizada de los usos más allá de lo educacional. El concepto de enseñanza distribuida surge de pensar a la gente en acción, pues es en la actividad donde cobra vida: social, en tanto entraña la participación del otro, y material en tanto comprende el uso de esos artefactos.

Es el uso que hagamos de ellos lo que determinará la reorganización del funcionamiento mental.

Entonces no es el instrumento, sino el uso de él que tengamos padres y educadores. Surge de esto la necesidad de una mirada crítica,  cuestionadora equidistante pero con intención de utilizar estos “descubrimientos” como verdaderos mediadores en la construcción del conocimiento y que preserve la cualidad humana.

A modo de cierre plantemos  una pregunta  que seguramente en otro momento trataremos de contestar: ¿La escuela qué estrategias sigue  o ha seguido para utilizar este recurso?

 

Beatriz Pérez Acosta- (Maestra Directora de Práctica, docente de Didáctica de las Ciencias Sociales del  Instituto Normal de Montevideo)