OPINIONES DE AYER
¿
Represenlalividad para qué?
La representación democrática se va instalando con lentitud en el
sector de la enseñanza. A los representantes universitarios y de los Consejos
Escolares de Centro, se suman ahora los delegados sindicales elegidos
recientemente con un índice de participación respetable, muy por encima de las
previsiones.
Los profesores ya tienen delegados.
Ahora se trata de 1egitimar
con la fuerza de sus votos el poder de negociación. Esta es una de las
asignaturas pendientes paciente e insistentemente preparadas por los sindicatos.
La deuda con el pasado está cerrada, pero el futuro está repleto de incógnitas.
Una de ellas radica, precisamente,
sobre el lugar de los sindicatos en una sociedad que ha experimentado, en los últimos
decenios, crisis, convulsiones y reconversiones de todo tipo. Y
las competencias y problemas de los sindicatos han adquirido nuevos rostros.
También los sindicatos, en la enseñanza y en otros sectores aquí y en
otros países, precisan de una profunda reconversión. Esa es una reflexión
tan genérica como urgente si de verdad se quiere recuperar el peso y el
prestigio que antaño tenían los sindicatos en el marco de una nueva sociedad.
Pero aterrizando en el terreno de
la enseñanza hay una pregunta fundamental a dilucidar: ¿ Cuál es el
contenido de las reivindicaciones que defienden los representantes sindicales?
Obviamente defienden los intereses profesionales y la mejora de las
condiciones de vida y de trabajo es tan legítima como insuficiente. ¿Qué
hay delante y detrás de la profesionalidad?
¿En qué modelo de escuela se sitúan las demandas para mejorar el estatuto y
la condición del profesora -do? ¿Cómo se articulan los derechos de los trabajadores de la enseñanza,
con los derechos de sus usuarios y de los alumnos, tan legítimos los unos como los otros?
El sindicalismo y su representación democrática no puede ni debe descolgarse del proceso de reforma educativa y de la renovación pedagógica. Los progresos individuales deben beneficiar y fundirse en los colectivos y viceversa. Los profesionalismos sin horizontes y los corporativismos estrechos se olvidan a menudo del niño y de la sociedad. Y la educación, si se precia de tal, requiere coordinación, colaboración de todos y perspectivas muy amplias. Por eso la representación profesional debe triangularse con la reforma estructural y con la renovación pedagógica. Entonces los sindicatos encontrarán el camino más claro y más allanado en la defensa del interés colectivo.
Cuadernos de Pedagogía, nº 156, febrero 1988