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IV Seminario Ibérico de Ciencia, Tecnología
y Sociedad en la Educación Científica
Málaga (España), 3 al 5 de julio de 2006
Después
de la celebración de tres seminarios (2000, 2002 y 2004), la comunidad ibérica
ligada al Movimiento CTS,con amplias implicaciones en de Iberoamérica, volverá
a encontrarse en Málaga, en julio de 2006.
En la última edición se analizó la importancia de este seminario, que debe
continuar siendo un referente ibérico y avanzar en su proceso de integración
de la comunidad iberoamericana.
Este Seminario se ha constituido en una evidencia de las relaciones científicas,
tecnológicas y educativas entre España y Portugal y es muestra de una
conciencia compartida sobre el papel que la ciencia y la tecnología tienen en
la configuración de la sociedad del siglo XXI.
Desde su inicio atiende a finalidades como:
Presentación, discusión y contraste de resultados de investigaciones en
Ciencia- Tecnología- Sociedad en el contexto de la Educación Científica en la
península Ibérica y en el continente Iberoamericano.
Divulgación de experiencias innovadoras de aplicación de enfoques CTS en la
enseñanza de las ciencias.
Construcción de puentes con el movimiento CTS en los países iberoamericanos.
Hacer frente a los nuevos retos, tanto en la educación formal como en la
educación no formal, que nos llevan por el camino de la interdisciplinariedad y
de la educación para la ciudadanía, en la que cobran mayor sentido los
conceptos de alfabetización científica y tecnológica que todo ciudadano debe
poseer para ejercer plenamente sus derechos y deberes en la sociedad contemporánea.
El seminario ofrece la ocasión de vivir intercambios desde la amistad y la
camaradería en los que, educadores de ciencias de diferentes niveles nos
hagamos participes unos a otros de nuestras experiencias, inquietudes y problema
Más información
Década por una educación para la sostenibilidad
Vivimos una situación de auténtica emergencia planetaria, marcada por toda una serie de graves problemas estrechamente relacionados: contaminación y degradación de los ecosistemas, agotamiento de recursos, crecimiento incontrolado de la población mundial, desequilibrios insostenibles, conflictos destructivos, pérdida de diversidad biológica y cultural…
Es preciso, por ello, asumir un compromiso para que toda la educación, tanto formal como informal, preste sistemáticamente atención a la situación del mundo, con el fin de proporcionar una percepción correcta de los problemas y de fomentar actitudes y comportamientos favorables para el logro de un desarrollo sostenible.
Llamamos así a sumarnos decididamente a las iniciativas de una Década
de Educación para el Desarrollo Sostenible, que Naciones Unidas promueve
de 2005 a 2014. A partir del 1 de enero de 2005 la OEI está difundiendo
en Internet aquellas iniciativas que se desarrollan en el ámbito
iberoamericano y recogiendo adhesiones. Cerca de 3.400 educadoras y
educadores y 134 instituciones ya se han adherido.
Acceso al espacio
Educar para participar. Materiales para la educación CTS.
Estos diez libros que componen la serie Educar para participar. Materiales para la educación CTS. Se trata de una propuesta educativa dirigida a las enseñanzas medias o universitarias que se puede desarrollar en muy diferentes contextos: materias de CTS, materias de ciencias de la naturaleza, materias de ciencias sociales o de economía, diversas ramas de la formación profesional, programas transversales para la educación cívica, programas de educación medioambiental.
A participar se aprende participando. Por ello, las aulas pueden ser lugares muy apropiados para que los futuros ciudadanos tomen parte en controversias en las que el valor de la información y de los argumentos, la responsabilidad social y ambiental, la voluntad de negociar los disensos y de consensuar las decisiones, sean algunos de los aprendizajes más importantes en el proceso de una verdadera formación para la participación democrática. El propósito de estos materiales es, por tanto, propiciar la innovación en las aulas y fortalecer una nueva profesionalización docente comprometida con la participación ciudadana en los temas tecnocientíficos.
le invitamos a adherise:
http://www.oei.es/decada/adhesiones.htm
¡Es urgente actuar!
Prácticamente cada día se publican noticias que advierten del grave y
acelerado deterioro ambiental en el conjunto del planeta. Ya no se trata de
conjeturas, de peligros anunciados con más o menos fundamento, sino de
realidades documentadas. No son algunos "ecologistas exagerados", sino
los propios especialistas quienes exponen sus resultados concordantes, nos
advierten de la necesidad de actuar ya y proponen soluciones.
Desde organismos como el Wordwatch Institut, el Panel Intergubernamental de
Cambio Climático (IPCC), la NASA, la Agencia Europea de Medio Ambiente, etc.,
se informa de que los glaciares y casquetes polares se derriten rápidamente,
los fenómenos atmosféricos extremos (huracanes, sequías prolongadas,
tormentas tropicales desmesuradas, inundaciones intensas, deslizamientos de
tierras que producen miles de muertes.) aumentan en frecuencia e intensidad, el
área de superficie quemada en incendios forestales supera su récord histórico,
la producción de petróleo alcanza su cenit, los acuíferos se salinizan, las
hambrunas se repiten, las migraciones se convierten en desesperadas e imparables
huidas de la miseria, las guerras y la violencia se extienden.
¿Qué más hace falta para que comiencen a adoptarse las medidas necesarias? ¿Por
qué la mayoría de seres humanos seguimos con nuestras rutinas, ajenos a esta
situación de emergencia planetaria?
Hay que reconocer que ni los responsables políticos ni los educadores estamos
contribuyendo de forma decidida y permanente a lograr un cambio cultural, sin
duda complejo, pero absolutamente necesario, para comenzar a adaptarnos a los
cambios que ya se están produciendo y, sobre todo, para evitar que continúe el
acelerado proceso de degradación. Porque, como señala Hegerl, coordinador del
IPCC (http://www.ipcc.ch), cuanto más tardemos
en poner en marcha las soluciones, peor será el problema.
Ese profundo cambio cultural exige romper con una larga tradición de:
planteamientos puramente locales y a corto plazo;
indiferencia hacia un ambiente considerado inmutable;
ignorancia de la propia responsabilidad;
búsqueda de soluciones particulares contra los otros.
Para ello no bastan los llamamientos puntuales, ni las noticias ocasionales: se
precisa una movilización general y permanente, porque somos, literalmente, víctimas
de una guerra. La guerra sin cuartel que nos inflinge una degradación ambiental
y social, fruto de intereses a muy corto plazo y de una ignorancia suicida. Una
guerra que todavía podemos ganar, si reaccionamos ya y colocamos el objetivo de
un futuro sostenible en primer plano, mediante la necesaria conjunción de
medidas tecnológicas, educativas y políticas. Y el primer paso es despertar a
la población que ignora los peligros y las soluciones. Se necesitan
urgentemente muchos activistas. Activistas ilustrados, dispuestos a movilizar a
la ciudadanía con los argumentos racionales que la comunidad científica pone a
nuestro alcance.
Ése es el desafío de la Década de la Educación por un futuro sostenible. Y
somos nosotros quienes debemos convertirnos en activistas, para lograr la
necesaria implicación de nuestros colegas y del conjunto de la ciudadanía
contra la guerra que amenaza, sin exageración, con destruir la humanidad.
Activistas por la paz.
Educadores por la sostenibilidad
Adhesiones:
http://www.oei.es/decada/adhesiones.htm
Una editorial crea la colección de relatos infantiles
“En favor de la familia” para mostrar a los niños y a las niñas la
diversidad de estructuras familiares. Hay títulos en castellano, euskera,
catalán, gallego, francés e inglés.
Una niña necesita un trozo de papel más grande para pintar a toda su
familia y que así quepa Yang, el hijo de los “titos” que viene de
China. Miguel se va de vacaciones con su tío, que no tiene que buscar
novia, porque ya tiene novio. Tincho explica que su papá es de un color
oscuro, como su gato Sanjuán, y su mamá es clarita, como un yogur.
Todos ellos son protagonistas de cuentos que pertenecen a la colección
“En favor de la familia”, creada por la editorial A Fortiori. Se trata
de cuentos para niñas y niños entre 5 y 7 años, en los que aparecen
familias de madres o padres homosexuales, niños adoptados, familias
multirraciales o monoparentales.
La iniciativa es una apuesta personal -“casi un suicidio”- de
Natividad de la Puerta, responsable de la empresa, con la intención de
contribuir a “redefinir el concepto de familia como aquello que
constituye nuestro lugar en el mundo. Allí donde siempre queremos y
podemos regresar”.
Para obtener más información: www.en-favor-de-la-familia.net
En
la presente colaboración, el autor, profesor de Secundaria, traza una visión
de nuestro sistema educativo presente
desde un futuro imaginario que amplía perspectivas y referencias de nuestro aquí y ahora, aportando
matices que pueden resultar aleccionadores sobre la situación actual de la
educación española.
Memoria del presente
Manuel
Menor Currás
Profesor de Secundaria
Los
profesores, como muchos profetas del pasado, solemos adscribirnos con frecuencia
a la manía melancólica. Las valoraciones e interpretaciones de nuestra
particular experiencia discente y docente alimentan un imaginario del pasado según
el cual, dualmente, el sistema educativo vivido o dio de sí todo lo que debía
o, por el contrario, no fue en modo alguno lo que debiera haber sido. De uno u
otro modo, expresivo de otras actitudes discordantes, coincidimos en mostrar
motivos de malestar, desazón o desconcierto, de evasión o huida incluso,
respecto a lo que nos toca vivir en las aulas.
Nuestra tarea educativa, sin embargo, se desarrolla en el ahora, no en un pasado
mitificado e inconcreto. Nuestros alumnos y sus padres, con características y
necesidades diferenciales, son de este momento. Y la dignidad cualitativa del
servicio que prestamos a la comunidad no se mide tanto por imponderables históricos
más o menos esencialistas que se hayan fijado en nuestros recuerdos, cuanto por
nuestra capacidad para dar respuesta al aprendizaje que estas circunstancias del
presente exigen a todo ciudadano consciente. El valor de nuestro quehacer, al
margen de la memoria educativa de cada cual, se ciñe a su incidencia
modificadora sobre el ahora; por muy distinto que sea de lo vivido y leído, y a
pesar de lo distante que resulte de probables incoherencias directivas a que le
quieran someter diversas iniciativas de gestión.
Si en el futuro que nos siga, a alguien le interesara la eficiencia educadora de
lo que estamos haciendo nosotros, algo le podrá decir que hayamos logrado
cubrir cuantitativamente la escolarización, pero muy poco si los modos
concretos en que la estamos efectuando son contradichos por la terca realidad de
nuestros resultados. Nada le dirán nuestras propias añoranzas y dependencias
referenciales del pasado.
Para un relato poco relativo
Es predecible que algún historiador se interese algún día por nuestro presente educacional, inquieto por los agudos déficit que perciba en las generaciones adultas de su momento histórico. Este investigador querrá ser riguroso. En su época se habrá logrado que ancestrales convicciones previas no contaminen el objeto de investigación. Los historiadores habrán dejado de empeñarse en demostrar nada contra nadie. Sólo tratarán ya de explicar razonable y honestamente los caminos recorridos por sus sujetos para entenderse y entender algo mejor a dónde hayan logrado llegar. Para entonces, además, la documentación oral y escrita que les hayamos legado será de poca estima. La jibarización acelerada a que sometimos las mejores palabras, hasta llegar al nivel cero del lenguaje, les habrá hecho desconfiados. Tal vez habrán encontrado la síntesis perfecta entre Kien y Fischerle, los dos personajes centrales de Elías Canetti en Auto de fe, y sólo se fíen de los datos del qué y cómo de nuestros gestos. La gestión será lo que les importe, convertidos definitivamente a la creencia de que “por las obras les conoceréis”, el modo principal de expresarse personas e instituciones. Si quisiera construir un relato explicativo coherente, atenderá sobre todo a cómo escolarizábamos actualmente y a qué hacíamos o intentábamos hacer con los escolarizados. Con la atención puesta en esta gestualidad, las enredosas cuestiones que privilegiaban nuestros debates puede que le resulten meras faenas de aliño y distracción. Con tales “prejuicios”, gran parte de su probable beca de investigación se consumirá en discernir el ruido de las nueces entre tanto registro burocrático de información producido por nuestra generación.
Selección y distribución de alumnos
En
primer lugar, lo referido a la selección y distribución de alumnos, porque el
que la enseñanza fuera obligatoria hasta los 16 años no querrá decir que
fuera igual para todos. La distribución se hacía en colegios distintos, al
parecer por la defensa del preciado bien de la libertad. Pero nuestras normas de
“libre elección” de centro lograban que en la práctica los colectivos de
colegios estrictamente públicos no fueran iguales a los de los concertados ni a
los de los propiamente privados. De este modo, las cohortes académicas del
alumnado se fragmentaban y segmentaban, felizmente de modo casi paralelo a como
estaban clasificadas las familias, como comprobará nuestro investigador en los
registros de renta de los padres -por muy amañados que estén-, si se conservan
para entonces sus solicitudes. Otros muchos documentos atestiguarán, además, cómo
la clasificación continuaba en el interior de cada centro. En algunos,
constatará que desde el comienzo de cada curso, dentro del mismo nivel, unas
aulas eran muy distintas de otras, sin que apenas variara lo que en todas ellas
había que hacer. Los niveles de selección determinaban diferencias sensibles,
al parecer por el bien del centro. Documentos hallará que propugnaban hacer
algo más por los alumnos “recuperables”, cuando en muchas aulas no había
ninguno ab initio. Otro buen conjunto de datos que entretendrá su tiempo
provendrá de la gestión o política económica de la educación. Los costes
del servicio y los costes de oportunidad que implica tal vez le hagan desestimar
nuestras proclamas solemnes en torno a las bondades de la educación; y menos
las que urgían la sociedad del conocimiento.
A las múltiples brechas que existan en las generaciones con que le toque
convivir a nuestro investigador, la que más habrá motivado su investigación
será la de la amplitud de la ignorancia. Por eso, guiado por la relación de
coste y beneficio, querrá reunir datos acerca del pastel del PIB en educación,
tanto en Europa, como en España y, particularmente, en cada comunidad autónoma
competente, y cómo se distribuye. Le interesarán las ratio proporcionales
de gasto por alumno, bien diversificadas por tipos de colegios y si son acordes
con sus diferenciales necesidades específicas. Lógicamente, le ocupará buenas
horas interpretar facturas de inversión realmente eficiente. En el tipo de
edificios y sus dotaciones generales y de aula. En medios didácticos actuales.
En cuidar el número de alumnos por aula más adecuado a sus dificultades. En
atender especializadamente a los problemas reales existentes y en formar
convenientemente al personal encargado de atenderlos.
Resultados
Un tercer campo documental, más abundante todavía, con que tendrá que enfrentarse, afectará explícitamente a los anhelados resultados. Para entonces, dispondrá incluso de listados de colegios clasificados según la expectativa de éxito o fracaso. Se habrán generalizado las tablas comparativas de rendimiento escolar por niveles, áreas cognitivas, alumnos presentados a pruebas de selectividad e itinerarios profesionales posteriores. Como también las de abandonos por etapas educativas. A los informes de la CEOE y a la secuencia de los PISA, podrá añadir los de las pruebas de control de las comunidades autónomas, preocupadas algunas por reconocer más al que ya tiene. Y, por supuesto, los archivos de los centros, con sus vitales registros de actas de evaluación, junto a los informes pertinentes de los orientadores educativos, tan valiosos para dar coherencia científica al sistema clasificador. La primera impresión, después de cruzar tanto dato, tal vez sea que hemos conseguido escolarizar para clasificar y hasta catalogar las distancias de respuesta de todos los centros y sus tipos de clientes. Un relato técnico de lo entrevisto se quedaría en las frecuencias estadísticas, en que ni se advierta la dura labor de quienes pelearon con la escasez de medios para sacarle el máximo partido. A nuestro investigador apenas le habrán llegado sus ecos. Pero las cuestiones importantes a que quiere dar respuesta seguirán acuciándole. Sobre todo, si cayera en la cuenta de que la rentabilidad de este sistema de ahora mismo –en lo que tiene de demostración social- disminuye dramáticamente del lado más débil, el que poco más tiene que la pura escolarización mecánica para satisfacer dignamente sus necesidades educativas. Para dar respuesta a su persistente inquietud le orientará poco la Constitución por que nos regíamos en estos años, y no mucho las sucesivas leyes orgánicas en que compulsivamente cifrábamos nuestras esperanzas desacordes. Tal vez se empeñe en simplificar su relato explicativo a costa del diferencial de “esfuerzo”, “desinterés” o “naturaleza genética” de los colectivos escolares. Aunque, a lo mejor, con el contenido de nuestro envoltorio educativo al descubierto, se le ocurre referirse consistentemente a la racanería con que interpretábamos la justicia distributiva también en el concierto educativo, para que se intentaran equilibrar las “oportunidades” de todos. Y hasta puede que concluya su trabajo con un viejo refrán gallego: ¡Probes dos probes!... No somos ese historiador futuro. Cierto parece, sin embargo, que el reiterado recurso comparativo al pasado, por dulce que éste haya sido, aunque pudiera ser tranquilizador no será suficiente para explicar cómo hayamos gestionado este presente.
Comunidad Escolar nº 785, 5 de abril de 2006