JUEGOS Y CANCIONES

CANCIÓN

Rima infantil

 


Yeban las sevillanas en la mantiya
un letrero que dise: Viva Seviya,
un letrero que dise: Viva Seviya,
Arrión, tren siya y cordón, cordón de Valensia,
¿donde vas, amor mio, sin mi lisensia?

Las calles de Seviya se están arando, 
de rosas y claveles se están sembrando,
de rosas y claveles se están sembrando,
Arrión, tren siya y cordón, cordón de la Italia,
¡donde vas, amor mio, sin que yo vaya?

 

 

JUEGO

El capullero

Niños y niñas hasta ocho años

     Tapabujero, lo llaman en Badarán;Tapullero en Villaverde de Rioja;Taputero en Anguiano. Y como Tapabullero lo define el "Vocabulario Riojano" de Cesáreo Goicoechea (Madrid,1961)

     Lo jugábamos de pequeños. Cuando ya éramos grandecitos, de algún modo nos parecía rebajarnos el jugar con el barro. Sin embargo, algunas veces quitábamos el barro a los pequeños y les hacíamos una demostración.

     Ganar el juego consistía en dejar sin barro al contrario o contrarios, porque algunas veces jugábamos más de dos. El material era barro, cuanto más arcilloso, mejor. Y no era tan sencillo encontrar barro bueno al lado de la Plaza, así que guardábamos nuestra pella de barro en los agujeros de la Garita para poder utilizarlos en los recreos de la escuela. El mejor barro, siempre cerca del pueblo, se sacaba del Herradero, donde está ahora la casa del médico.

     Se amasaba bien la pella de barro y se modelaba una especie de cuenco con las paredes más gruesas que el fondo -algunas veces me acuerdo del juego cuando como volovanes- , y el que le tocaba por suerte el empezar, hacía la pregunta ritual: "Capullero, ¿se ve el agujero?" Y se lanzaba el cuenco contra el poyo, de forma que la boca llegase con fuerza y lo más plana posible. Al aplastarse, el aire que estaba dentro rompía el fondo del capullero y el contrario tenía que taparlo con un trozo de su barro mientras el tirador decía: "Capullero, tapa ese agujero".

     La habilidad había que demostrarla no sólo a la hora de tirar con fuerza y bien para que el agujero abierto fuera lo mayor posible, sino que cuando tenías que tapar el agujero del otro había que conseguir hacerlo con la lámina más fina que se pudiera para utilizar menos barro propio. Y allí era el mojarse las manos en el pilón, echarse saliva en las manos o en los dedos y restaurar como se pudiera el agujero. Después se cambiaba y así hasta que tocaba subir a la escuela.