OPINIONES DE AYER
EL RETO
Durante
la edad de oro de la pedagogía española, años treinta y algo antes, cuando
corrían vientos regeneracionistas, la formación inicial y permanente del
maestro constituía la piedra de toque para hacer efectiva la reforma de la
escuela. Fructificaron felizmente varias iniciativas y no escasearon recursos.
Pero eso ha sido la excepción aquí y en otros países. La tónica general ha
sido muy otra: hemos visto como leyes y reformas, unas ciertamente tímidas y
otras más avanzadas, iban quedando amputadas y abortadas sobre todo porque los
maestros no fueron preparados para tales cambios.
La
situación actual es especialmente pródiga para resituar esa cuestión.
Cualquier diagnóstico que se haga de la misma debe partir del carácter
complejo, diverso y contradictorio en que se gestan y se perciben los posibles
avances en el terreno educativo, por parte del profesorado. Así, los síntomas
de conf usión, de cansancio o de escepticismo se entremezclan con
esperanzadores intentos renovadores donde se movilizan nuevas ideas y recursos.
El inventario de iniciativas y actividades de perfeccionamiento y renovación
del profesorado hoy existentes constituye un puzzle varipinto que hay que
conocer, evaluar, priorizar y coordinar con generosidad democrática y con
cierta rigurosidad imaginativa. Y ahí debemos jugar todos: administradores y
administrados.
De
forma muy asidua se expresa por parte de algunos Movimientos de Renovación
Pedagógica el temor de que la Administración actual, que ha mostrado una nueva
sensibilidad hacia el tema, se exceda en sus competencias y acapare de forma
excesivamente dingista y excluyente la antorcha de la renovación pedagógica.
Ese, evidentemente, podría ser un riesgo: el de que se crease una doble red de
perfeccionamiento/renovación del profesorado. Mientras la Administración diseñara
su propio plan más o menos bien dotado de recursos técnicos y humanos,
independientemente de los colectivos de renovación pedagógica, éstos se
fueran aislando progresivamente, sin soportes institucionales, y sin
posibilidades de competir con la oferta de perfeccionamiento de la
Administración.
Es
bueno que la Administración
Es
bueno también que los Movimientos de Renovación Pedagógica, como movimiento
social de base que son, defiendan su funcionamiento autónomo y de que
profundicen y revisen constantemente el modelo de escuela alternativa, a tenor
de los cambios culturales y tecnológicos que se avecinan, ensayando y
contrastando todo tipo de estrategias y experiencias para ir cambiado
cotidianamente la escuela.
Pero
existe, dentro de esa natural divergencia de criterios y de autonomía, un
amplio terreno de colaboración
CUADERNOS
DE PEDAGOGÍA, nº 118, octubre de 1984