NOTICIES
Tallers de Cultura de la UA
ENCARA HI HA PLACES ALS TALLERS DE
CULTURA DE LA UNIVERSITAT D'ALACANT
El termini de matriculació als tallers del segon quadrimestre del Secretariat de Cultura de la Universitat d'Alacant està obert fins que comence cadascú dels tallers. Amb 35 tallers, 17 de nova creació, el segon quadrimestre ofereix un ampli i variat ventall d'activitats.
A continuació destaquem alguns dels tallers que es faran al segon quadrimestre:
Coeducar, ara més que mai
Del 29/03/2006 al 11/04/2006
Impartit per Elena Simón
Més informació ací
Ciberperiodisme i models de comunicació a
Internet
Del 13/03/2006 al 11/04/2006
Impartit per Mar Iglesias
Més informació ací
La ràdio a Alacant: de la predemocràcia a
la reforma de l'Estatut
Del 08/03/2006 al 30/05/2006
Impartit per Pere Miquel Campos
Més informació ací
Taller de redacció de blogs culturals
Del 20/03/2006 al 29/03/2006
Impartit per Gonçal López-Pampló
Més informació ací
Curs de narració i expressió en valencià
"Contem contes"
Del 22/02/2006 al 31/05/2006
Impartit per Rosa Fraj
Més informació ací
I també:
Jocs medievals infantils valencians, amb Eliseo Andreu
La ràdio a Alacant, amb Pere Miquel Campos
Taller de cançó d'autor, amb Miquel Pujadó
Matrícula i més informació en:
Secretariat de Cultura
Punt d'Informació Cultural (PIC)
Planta baixa del Paranimf
Tel.: 965 90 37 25
A/e: ofi.cultura@ua.es
Web: http://www.veu.ua.es
Jornadas didácticas: Inmigración y educación. La acogida en la escuela (Barcelona)
Fechas:
25 de marzo de 2006
Localización:
Barcelona (ciudad)
Organiza:
Fira de Barcelona
Descripción:
Jornadas didácticas para la educación infantil, primaria y secundaria.
Organización de contacto:
Barcelona (ciudad)
Telf: 93 481 73 73
eMail: assessorament@rosasensat.org
Salón Internacional del Estudiante y de la Oferta Educativa, Aula 2006 (Madrid)
Fechas:
Del 8 al 12 de marzo de 2006
Localización:
Madrid (ciudad)
Organiza:
Ifema
Organización de contacto:
Madrid (ciudad)
Telf: 902 22 15 15
Fax: 91 722 58 04
eMail: aula@ifema.es
III Jornada del Col·legi de Pedagogs de Catalunya. "La pedagogía profesional: mirando hacia Europa"
Fechas:
4 de marzo de 2006
Localización:
Barcelona (ciudad)
Organiza:
Col·legi de Pedagogs de Catalunya
Destinatarios:
Lugar de realización: CaixaForum Avenida Marqués de Comillas 6-8 Barcelona
eMail del evento:
Setmana de la Formació (Barcelona)
Fechas:
Del 22 al 26 de marzo de 2006
Localización:
Barcelona (ciudad)
Organiza:
Fira de Barcelona con la coordinación del dept. d’Ensenyament y del dept. d'Universitats
Descripción:
Estudiantes, universitarios, profesionales y empresarios interesados en conocer las diferentes propuestas educativas, las opciones para la ampliación de estudios, formación ocupacional, cursos de posgrado, etc.
Destinatarios:
Por primera vez en la historia del Saló, a la oferta educativa tradicional se añaden como sectores con personalidad propia la formación continua, la formación ocupacional y el denominado Forum del Trabajo.
Organización de contacto:
Fira de Barcelona
Av/ Reina María Cristina s/n
08004 Barcelona (ciudad)
Telf: 93.233.20.00
Fax: 93.233.23.68
eMail: ensenyament@firabcn.es---------------------------------------------------
La Generaliat de Catalunya contratará a 2.500 docentes para
implantar la sexta hora escolar
El Periódico de Catalunya - 11/02/2006
El Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya cuantifica en 1.197 millones de euros la aplicación del pacto por la educación. Las partidas más importantes de la memoria económica del “Pacte Nacional per a l’Educació” se destinarán a la contratación de 2.500 docentes para implantar la sexta hora diaria de clase en la escuela pública (248 millones de euros) y otros 2.000 maestros que permitan incrementar las horas de tutoría y atención familiar (150 millones).
La Conselleria d'Educació desveló ayer el contenido de la
memoria económica que ha elaborado para financiar las medidas incluidas en el
proyecto de “Pacte Nacional per a l’Educació” en vísperas de que las
patronales educativas, los sindicatos docentes y las federaciones de
asociaciones de padres anuncien si finalmente suscriben el acuerdo.
La memoria detalla cómo se invertirán 1.197 millones de euros (200.000
millones de pesetas) en cuatro años (2006-2009), de los que 248 millones, la
partida más abultada, se destinará a la ampliación del horario de los
centros público en una hora de clase diaria. La extensión horaria comportará
contratar a 2.500 docentes. La medida, que se implantará el próximo
septiembre con independencia de si, finalmente, se suscribe el pacto, irá
aparejada a la financiación progresiva de la sexta hora lectiva en la escuela
concertada, que ya se oferta y es costeada por las familias.
La memoria recoge la dotación presupuestaria --150 millones-- para contratar
a unos 2.000 maestros en dos años que posibilitarán un incremento de las
horas de tutoría y atención personalizada a alumnos y familias. Y otros 49
millones para incorporar a las aulas de niños de 3 a 6 años un perfil
profesional todavía inusual en el paisaje de la educación infantil: el del técnico
que apoya al maestro en determinadas tareas.
La memoria incluye 85 millones destinados a los contratos programas, una
figura que los centros que se benefician de los conciertos podrán suscribir
voluntariamente con la Administración y que ha sido ideada, sustancialmente,
para vehicular las ayudas al sector privado por la hora complementaria.
El documento presentado ayer incluye dos capítulos más relacionadas con la
ampliación horaria. Por un lado, se consignan 100 millones para las becas de
comedor, que registran un sustancial aumento, con vistas a que, al reducirse
al mediodía la franja horaria de descanso, crezca el número de alumnos que
utilicen ese servicio. Por otro, se dedican 1,5 millones a subvencionar a las
asociaciones de padres para que puedan contratar monitores que atiendan al
alumnado de infantil (3-6 años) con hermanos en la primaria durante aquellos
periodos de la jornada escolar, habitualmente a la salida, en que sus horarios
no coincidan.
La anunciada apertura de centros entre el primero de septiembre y la fecha de
inicio del curso (12 de septiembre) y entre la finalización del año académico
(21 de junio) y el 30 del mismo mes va acompañada de una dotación de 28
millones. Ese dinero se destinará a financiar actividades extraescolares que
podrán impartirse en los centros durante esos días. A la generalización del
programa de reutilización de libros de texto se dedican 41 millones.
Salarios
Entre los beneficios orientados exclusivamente a mejorar la escuela concertada
se citan, además de la asunción del pago de la sexta hora diaria, los 66
millones comprometidos para poder acometer la homologación salarial del
profesorado, cuyos sueldos se equipararán a los de la pública. Y una partida
de 6 millones que ha de permitir atender a 3.000 alumnos que se matriculen en
colegios privados que requieran necesidades educativas especiales porque
presentan deficiencias físicas o sensoriales o se acaban de incorporar al
sistema educativo catalán sin conocer el catalán ni el castellano.
El apéndice económico del pacto incorpora una partida de 77 millones para
los cargos de dirección de las escuelas, a las que se reconoce económicamente
la asunción de mayores responsabilidades. Al plan de formación permanente
del profesorado se destinan 37,5 millones y a la promoción de la salud
laboral, que incluye el coste de los traslados de puesto de trabajo o
sustituciones, se le asignan 51 millones. Los proyectos trienales de autonomía
de centro son incentivados con 80 millones.
La consellera de Educació, Marta Cid, subrayó ayer durante la presentación
de la memoria que, con las medidas apuntadas en el proyecto de pacto nacional
por la educación, su departamento crea "más ocupación que nadie"
en Catalunya. Cid insistió en que la memoria no comprometerá otras
inversiones previstas, como el programa de obras.
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En el presente artículo, el autor plantea y abre un espacio de reflexión sobre la importancia de la presencia de la buena literatura en las aulas y la necesidad de fomentar la lectura de esa buena literatura entre los más jóvenes, así como sobre el papel y la labor que el docente debe representar en dicho proceso.
Reflexiones para fomentar la lectura de la buena literatura
Fernando
Carratalá
Doctor en Filología Hispánica y Catedrático de Instituto
¿En qué
medida una cierta crisis influye en el desarrollo de las capacidades y actitudes
lectoras de nuestros alumnos es una de las causas que han contribuido a degradar
la educación? Porque es un hecho constatado -y ahí están los datos del último
Informe PISA 2000/2003- que muchos de nuestros adolescentes escolarizados no
saben leer comprensivamente un texto, ni encuentran en la lectura el soporte
cultural con que ir desarrollando su personalidad. Y el desconcierto ante hechos
de tanta gravedad afecta por igual a docentes, a alumnos y a sus familias, y
también al mundo editorial. Pero para no caer en el desencanto, empecemos por
afirmar que el fracaso escolar del que es responsable directo la vuelta de
espaldas de la sociedad al mundo de la lectura solo puede reconducirse desde un
ingente esfuerzo personal y colectivo.
Esfuerzo -en primer lugar- del propio alumno, que ha de
tomar conciencia de que el aprendizaje lector debe ser afrontado con seriedad y
rigor, porque no hay aprendizaje auténtico sin trabajo responsable y espíritu
de superación. Esfuerzo -también- de los docentes, que debemos estar
dispuestos a introducir en nuestra práctica diaria en las aulas los cambios
metodológicos necesarios y los medios didácticos adecuados para obtener el
mejor rendimiento lector de nuestros alumnos, apostando por formas de “acompañamiento
personalizado” para fomentar su motivación, adecuando los ritmos de
aprendizaje a los procesos de maduración personal. Esfuerzo -igualmente- de los
padres, puesto que está fuera de toda duda que la implicación de la familia en
el proceso lector -y, por tanto, educativo- de sus miembros en edad escolar es
un factor determinante. Esfuerzo -finalmente- del sector editorial, que ha de
proporcionarnos ediciones de textos que sirvan para despertar en los
adolescentes el goce estético que la lectura de la buena literatura
proporciona. Y así, con el esfuerzo de todos -de cada uno, desde la parcela de
su responsabilidad, incluida la autoridad educativa-, tal vez vayamos abriendo
las claves para una lectura placentera de cualquier tipo de texto, sin renunciar
-en un futuro más cercano que lejano- a la comprensión y disfrute de aquellos
otros con cierto nivel de densidad conceptual o de complejidad estilística. De
este esfuerzo colectivo es esperable una fructífera cosecha, apoyada en la máxima
'Lectura, lectura, lectura!', que entronca con aquel otro aforismo: 'Más
libros, más libres'. Porque a más cultura, mayor libertad.
La lectura de la buena literatura, en crisis
Que
la lectura ha entrado en crisis es algo que nadie pone en duda. “Se admite
como un hecho probado -escribía Camilo José Cela el 29 de marzo de 1993, en el
polémico artículo “El hábito de la lectura”, publicado en el diario ABC-
el que la gente, no sólo en España sino en el mundo entero, lee menos cada día
que pasa y, cuando lo hace, lo hace mal y sin demasiado deleite ni
aprovechamiento”. Porque, en efecto, lo que está en crisis es la identidad
del lector, ya que, además de leerse cada día menos, se lee cada vez peor: sin
ese aprovechamiento que permite al lector de los buenos libros
“conversar con los mejores hombres de los siglos pasados”; y sin ese deleite
-que implica el amor por la lectura- capaz de conmutar las horas aburridas por
otras que excitan el placer del ánimo. ¡Y no será porque en España no
existen, a precios asequibles, buenas ediciones de buena literatura!, puntualiza
Cela.
Frente a los que se acercan a la lectura desde posiciones pragmáticas
-en busca de satisfacer necesidades materiales-; y frente a los que buscan en la
lectura un simple entretenimiento que no exige el menor esfuerzo -así, el
tiempo gastado en leer periódicos- o que merma la capacidad racional -como es
el caso de quienes se embebecen con cómics sin el menor valor artístico,
ya sea plástico o lingüístico-; Pedro Salinas traza el perfil del auténtico
lector: “Se define al lector -escribe Salinas en el epígrafe 'Leedores y
lectores', del ensayo 'Defensa de la lectura', incluido en El defensor-
simplicísimamente: el que lee por leer, por el puro gusto de leer, por amor
invencible al libro, por ganas de estarse con él horas y horas, lo mismo que se
quedaría con la amada; por recreo de pasarse las tardes sintiendo correr,
acompasados, los versos del libro, y las ondas del río en cuya margen se
recuesta. Ningún ánimo, en él, de sacar de lo que está leyendo ganancia
material, ascensos, dineros, noticias concretas que le aúpen en la social
escala, nada que esté más allá del libro mismo y de su mundo”.
Este es el reto que parece que, indirectamente, nos propone
Pedro Salinas a los docentes: formar buenos lectores en una sociedad que, cada
vez más, da la espalda a la lectura; lograr que los adolescentes lean por el
puro placer espiritual de leer, y que no exijan de tal actividad “nada que esté
más allá del libro mismo y de su mundo”. Y el único camino para lograr este
acercamiento a la lectura por el puro gusto de leer es el de garantizar
una cabal comprensión de lo que se lee, evitando posar los ojos ante una
colección de “signos sin significancia”, donde nada tendría sentido -por
emplear la acertada expresión de Salinas-. A partir de aquí, y soslayando el
riesgo de “leer por los sentidos, pero sin sentido”, ya es relativamente
sencillo disfrutar de lo que se lee y, en nuestro caso, propiciar un
acercamiento de los alumnos a los textos literarios (cfr.: Pedro Salinas, epígrafe
“Signos sin significancia”; ibídem). Este tránsito de la comprensión
de un texto, pasando por su análisis y comentario, al deleite estético -o,
dicho de otro modo, de la “habilidad lectora” al “placer” de la
Literatura- debe ser cuidadosamente conducido por los docentes, quienes en último
término somos los mediadores entre los alumnos y los textos literarios, y los
encargados de ir desarrollando en cada uno de ellos la necesaria -y personal- conciencia
de lector -cfr.: Pedro Salinas, epígrafe “Educar para leer y leer para
educar”; ibídem).
Finalidades de la lectura
de textos literarios
A
través del acercamiento a los textos literarios, los docentes hemos de procurar
que nuestros alumnos vayan adquiriendo el hábito de la lectura reflexiva,
desarrollando la capacidad crítica y descubriendo los múltiples valores estéticos
que la Literatura encierra. Por ello se les deben proporcionar textos literarios
con indiscutibles valores recreativos, artísticos y formativos, que permitan el
enriquecimiento de sus vivencias personales, la estimulación de su sensibilidad
y, en definitiva, el fomento de actitudes favorables hacia la lectura que, sin
duda, habrán de contribuir a su formación integral como personas. Porque, en
efecto, el mundo de la Literatura no puede quedar al margen de una educación
integral que persiga el aprender a ser, potenciando los aspectos intelectuales,
afectivos, físicos y espirituales de la persona; porque,
parafraseando a Robert Hugues, la lectura es uno de los caminos más
contundentes para que la juventud llegue a ser libre, piense por sí misma y
organice su presente y futuro a su imagen y semejanza.
E insistimos en que somos precisamente los docentes quienes
debemos ofrecer a nuestros alumnos textos rigurosamente seleccionados, que reúnan
ese mínimo de calidades lingüísticas y literarias que los hagan aptos para
favorecer un dominio cada vez mayor del idioma por parte de los alumnos y un
progresivo desarrollo de sus capacidades estéticas. Y llegados a este punto,
recurrimos, de nuevo, al testimonio de Pedro Salinas: dado el poco tiempo de que
disponen los alumnos para dedicarlo a la lectura, es preciso pronunciarse “en
favor de los pocos libros bien leídos, y en contra de los muchos leídos
malamente” (cfr.: epígrafe “Educar para leer y leer para educar”; ibídem).
Es, pues, innegable que la lectura colabora poderosamente en ese proceso de aprender
a ser uno mismo, objetivo último de toda educación que convierte la
dignidad de la persona en su razón de ser. En este sentido, la lectura
placentera de buenos libros está llamada a convertirse en el mejor aliado para
contribuir a ese desarrollo global y armónico de la persona, potenciando sus
capacidades cognitivas, el sentido estético, la capacidad crítica y creativa
e, incluso, la dimensión espiritual y trascendente.
Criterios para la selección de textos
La
elección de los textos que deben servir para despertar el interés de los
alumnos por la Literatura reviste capital importancia; y en dicha elección
deben pesar, al menos, los tres criterios siguientes:
·
Adecuación de los textos al nivel de
maduración intelectual de los alumnos a quienes van dirigidos.
Los textos en ningún caso pondrán serias limitaciones a las posibilidades
reales de comprensión y expresión de los alumnos, por lo que el léxico, el
tipo de sintaxis y los recursos literarios empleados facilitarán la cabal
inteligibilidad de dichos textos. De esta manera, la ausencia de dificultades
lingüísticas permitirá a todo tipo de lectores -en especial a los de menor
preparación intelectual- trascender los puros signos -convertidos, así, en
“signos con significancia”-, y favorecer, por tanto, el paso a los
significados, única forma de percibir el sentido de los textos y de alcanzar su
comprensión global. Porque, ciertamente, un texto puede poseer una altísima
calidad literaria y resultar del todo inadecuado para ser entendido y valorado
por lectores “inmaduros”; tanto más inadecuado cuanto más difícil sea el
estilo exhibido por su autor, en especial si la complejidad del léxico, la
presencia continua de complicados enlaces sintácticos propios de la subordinación,
o la abundancia de originales recursos estilísticos obstaculizan la comprensión
del sentido global de dicho texto. Aquí radica, a nuestro entender, una de las
causas del rechazo, demasiado generalizado, que la literatura medieval o la del
Siglo de Oro provoca en los alumnos de la Educación Secundaria Obligatoria;
alumnos que deben afrontar, en tercer curso y con 14 años recién cumplidos, la
lectura de fragmentos de La Celestina, de poemas místicos de san Juan de la
Cruz, de sonetos culteranos y conceptistas...
·
Extensión de los textos ajustada a la “capacidad
lectora”
de los destinatarios. La extensión de los
textos estará en relación directa con la “habilidad lectora” de los
destinatarios de los mismos; pero, en cualquier caso, dicha extensión habrá de
ser lo suficientemente adecuada como para no producir en los lectores aquella
fatiga que les llevaría a perder el interés por lo que están leyendo.
·
Enriquecimiento,
a través de los textos, del conocimiento que los lectores tienen de la
realidad exterior y de sí mismos. La lectura colabora eficazmente en ese
proceso de aprender a ser uno mismo que, en definitiva, constituye el objetivo
último de la educación. Y porque educar trasciende la simple transmisión de
conocimientos, la lectura de buenos libros está llamada a convertirse en el
mejor aliado para contribuir al desarrollo global y armónico de la persona,
potenciando sus capacidades cognitivas, el sentido estético, la capacidad crítica
e, incluso, la dimensión espiritual y trascendente. En definitiva, la lectura
ayuda a que el alumno despliegue todo su potencial intelectual y afectivo y a
que aprenda a ser él mismo. "Cada vez que nos asomamos a un libro -escribe
Juan Manuel De Prada-, escapamos de un mundo aturdido por la banalidad y el vértigo
para lanzarnos a la conquista de otro mundo más verdadero y postular una
realidad enaltecedora. La peculiaridad de estas conquista consiste en que no se
trata de un mero ejercicio de evasión, pues -como muy bien entendió Proust- la
lectura deja libre la conciencia para la introspección reflexiva. Al leer no
nos limitamos a absorber contenidos, a estimular nuestras dotes imaginativas o a
mejorar nuestras habilidades verbales; por el contrario, regresamos a nuestro
mundo aturdido por la banalidad y el vértigo con una cosecha de iluminaciones
que irradian su influjo sobre la realidad y nos enseñan a ser mejores."
(Cfr.: 'Vindicación del libro'; artículo publicado en el diario ABC,
precisamente el Domingo de Ramos del año 2000).
·
Desarrollo paulatino, por medio de los
textos, de la sensibilidad de los lectores, con objeto de despertar en ellos un
progresivo interés por los valores estéticos.
Las obras y textos que ponemos a disposición de nuestros alumnos no solo han de
servir para mejorar sus niveles de comprensión y expresión, sino que a través
de ellos hemos de pretender ir conformando su sensibilidad y apreciación estética;
y así, poco a poco, serán ellos mismos quienes vayan desarrollando esa
conciencia de lector que les llevará, por propia iniciativa, a entrar en
contacto con los mejores maestros de la lectura: los buenos libros que habrán
de acompañarles a lo largo de su periplo vital. A fin de cuentas, no se puede
concebir a un hombre libre desposeído de libros; porque -como puntualiza De
Prada- 'sería tanto como imaginarlo desposeído de alma, extraviado en los
pasadizos lóbregos de un mundo que no comprende.” (Ibídem). Estamos
convencidos, pues, de que la lectura de la buena Literatura contribuye
decisivamente a que los alumnos aprendan a ser ellos mismos -sin duda el más
difícil de enseñar de todos los contenidos-; y, a través del disfrute de los
valores culturales y estéticos, a que lleguen a ser más libres y, por tanto, más
justos y solidarios.
En definitiva, los docentes, por medio de las obras y textos que ponemos
a disposición de nuestros alumnos, hemos de pretender no sólo que mejoren sus
niveles de comprensión y de expresión, sino que vayan desarrollando esa conciencia
de lector que, estimulando el gusto personal, les lleve, por propia
iniciativa, a entrar en contacto con los mejores maestros de la lectura: los
buenos libros que habrán de acompañarles a lo largo de su periplo vital.
El camino hacia la Literatura: En busca de lectores
Cada
vez es más frecuente escuchar a los profesores de Educación Secundaria
quejarse del poco interés que sus alumnos demuestran por la lectura. Aquellas
obras fundamentales de nuestra historia literaria -que en tiempos no muy lejanos
formaban parte del acervo cultural de cualquier adolescente que aspiraba a
ingresar en la Universidad- resultan hoy desconocidas para demasiados alumnos; y
este desconocimiento frena el desarrollo armónico de su personalidad, ya que el
mundo de la Literatura -insistimos una vez más- no puede quedar al margen de
una educación integral que persiga el aprender a ser, potenciando los
aspectos intelectuales, afectivos, físicos y espirituales de la persona.
Son muchos los alumnos de Educación Secundaria que, a pesar de los esfuerzos de
sus profesores por despertar en ellos el sentido de la apreciación estética
que el acercamiento a cualquier texto literario lleva aparejado, rechazan de
plano la lectura de la poesía épica medieval, de las Églogas de Garcilaso de
la Vega, de algunas comedias de Lope de Vega, de los grandes poemas de Luis de Góngora...;
obras cuya lectura -y estudio en su contexto histórico- contemplan,
ciertamente, los currículos oficiales de Lengua Castellana y Literatura.
El desinterés de muchos alumnos por la Literatura -y no solo por la medieval o
la del Siglo de Oro, sino por la recogida en los currículos normativos, sea de
la época que fuere- ha llevado a ciertos profesores a buscar en la literatura
juvenil actual un revulsivo que pueda despertar la afición por la lectura. Pero
esta actitud no es compartida por otros profesores, que consideran este tipo de
lectura como un simple divertimento, sin trascendencia alguna en la formación
cultural básica de los alumnos, y que se limitan a exigir -no sin cierta razón-
el conocimiento de la literatura que el currículo oficial preceptúa, para
garantizar, así, ese mínimo nivel cultural con el que se debe abandonar la
escolarización obligatoria.
Una posición ecléctica, por la cual abogamos, combinaría la lectura de las
grandes obras de autores consagrados de la -llamémosla así- literatura
intemporal -lectura guiada por el docente, para asegurar una comprensión más
satisfactoria- con obras propias de la literatura juvenil actual, capaces -por
su temática y lenguaje- de intensificar el placer de leer y de implicar al
lector en dichas obras. De esta forma, la lectura juvenil actual, más que
un fin en sí misma, se convertiría en un medio para acceder al conocimiento y
disfrute de esa “otra” literatura que cualquier persona medianamente
instruida debería saber apreciar.
La literatura juvenil en el aula
La
relación de autores actuales -españoles- empeñados en “acercar” a los
adolescentes el “hecho literario” -y que escriben pensando en ellos, y
abordan en sus obras problemas que son propios de la juventud- sería
interminable. Eludimos, pues, por innecesario, citar aquí más de medio
centenar de nombres de reconocidos escritores con abundante bibliografía
para jóvenes, cuya presencia es habitual en los centros docentes, y que
imparten charlas que permiten adentrarse en sus obras, previamente leídas por
los alumnos, introduciéndoles, así, en en el difícil arte de la creación
literaria, y despertando en ellos un innegable interés por la lectura y por
cuanto ella conlleva. La forma de hacer literatura de estos escritores no
desmerece de otra cualquiera digna de tal nombre, y ha ayudado a lograr, en
cierta manera, fomentar el hábito de la lectura entre determinados jóvenes,
que rechazan cualquier otro tipo de literatura.
No obstante, y si queremos convertir la lectura en uno de
los pilares básicos de la Educación Secundaria, es necesario recuperar para el
aula a los grandes “clásicos de la literatura juvenil”: Verne, Stevenson,
Conrad, Dumas, Salgari, Charles Dickens, Óscar Wilde, Marc Twain, Rudyar
Kipling, Henryk Sienkiewicz, Alexandre Dumas...; y así un largo etcétera de
autores que están llamados -si se recuperan de forma efectiva- a
convertir el placer de leer en una constante en la formación de los alumnos que
todavía no han accedido a la Universidad o a los Ciclos Formativos de Grado
Superior.
Estamos convencidos de que la lectura de las obras de estos autores permitirá a
quienes tengan la suerte de disfrutarlas, antes o después, compartir estas
ideas de José Luis Sampedro, extraídas de su obra Valor de la palabra:
“La palabra fomenta nuestra imaginación: leyendo inventamos lo que no vemos,
nos hacemos creadores <...> Hace cinco siglos la imprenta nos libró de la
ignorancia llevando a todos el saber y las ideas <...> El libro, que enseña
y conmueve, es además ahora el mensajero de nuestra voz y la defensa para
pensar en libertad”.
La intervención directa del docente
La
lectura de la buena Literatura, además de estimular el goce estético,
contribuye activamente al proceso de socialización de los alumnos, con vistas a
su futura participación activa en la vida adulta como ciudadanos comprometidos
con una cultura de la paz. Aprender a convivir es, precisamente, la mejor forma
de garantizar esa “paz social”, que implica la aceptación de los otros -por
diferentes que sean-, la manifestación de comportamientos -y no solo de
actitudes- tolerantes y solidarios, y el esfuerzo por poner lo mejor de uno
mismo al servicio de los demás y en beneficio del bien común; y, en esta línea,
puede inscribirse la necesidad de recuperar para el aula la lectura de aquellas
obras que, perteneciendo ya a lo que podríamos llamar literatura intemporal
-sea o no la que los currículos oficiales preceptúan-, colaboran en la formación
no ya de una sensibilidad estética, sino también -y acaso sobre todo- de una
conciencia moral y en el desarrollo de unas actitudes profundamente humanas.
Por otra parte, es evidente que no se puede disfrutar adecuadamente de
una obra sin entenderla: la estética culterana o la surrealista, por ejemplo,
nos han legado textos de extraordinaria belleza, cuyas dificultades de
interpretación han puesto a prueba a los más exigentes críticos literarios;
sin embargo, el entendimiento cabal de un texto hace que pueda disfrutarse con
mayor intensidad, al trascender el simple conocimiento del mismo. Y, para ello,
es necesario evitar lagunas significativas por desconocimiento de los vocablos;
penetrar en el contexto histórico de dicho texto, profundizando en las
relaciones entre Literatura y Sociedad; y afrontar su referente estético en el
ámbito de la tradición literaria. Y estas son tareas que incumben al profesor,
responsable último -no nos cansaremos de repetirlo- de ayudar al alumno a
desbrozar cuantas dificultades pueda encontrar en la interpretación de un
texto, de forma tal que, al comprender lo que lee desde una perspectiva
racional, pueda llegar a valorarlo desde una perspectiva anímica.
La lectura de una obra cualquiera de nuestra tradición literaria -tanto más si
se trata de una obra clásica- exigirá, por tanto, del docente cuanto menos una
triple tarea: allanar continuamente cuantas dificultades léxicas pudieran
entorpecer la cabal comprensión del texto -y, en este sentido, tales
dificultades léxicas serán cuidadosamente abordadas y resueltas con claridad y
la necesaria capacidad didáctica-; referirse de manera permanente a las
relaciones entre Literatura y Sociedad, para soslayar, así, la presencia de
“problemas de interpretación” que pudieran derivarse del desconocimiento
del contexto histórico-social y cultural en que la obra está inserta; y,
vincular dicha obra con las corrientes estéticas en que se inscribe, evitando
así que el general desconocimiento de la tradición literaria y de las
tendencias estéticas se interponga entre la obra y el lector. Y, de esta forma,
el docente irá acomodándose a la “idiosincrasia lectora” de cada uno de
sus alumnos y, poco a poco, logrará que sean ellos mismos quienes se acerquen a
las obras literarias en función de su formación cultural, escala de valores,
gusto y aficiones...; y que el hábito lector se convierta en un valor añadido
en el desarrollo armónico de su personalidad.
El papel del sector editorial
Cada vez es
mayor el número de editoriales que publican textos literarios -de narrativa,
poesía o teatro- dirigidos expresamente a lectores juveniles, con todas las
peculiaridades que una edición de este tipo comporta: ediciones escolares
pensadas para ser usadas en el aula, capaces de orientar la comprensión de este
tipo de textos y, por tanto, de despertar en los jóvenes el goce estético.
Persiguen tales ediciones estimular en ellos la necesidad y el placer de la
lectura; y, por lo tanto, intentan allanar la innegable complejidad que dichos
textos encierran y que podría hacerlos herméticos para la capacidad lectora de
muchos de ellos. Y es que no siempre resulta fácil acercar las obras de esos
grandes autores que forman ya parte de nuestra tradición cultural -como puedan
ser las de los escritores del Novecentismo o las de los poetas de la Generación
del 27, pongamos por caso- a jóvenes adolescentes, entre otras razones, porque
tales autores no pretendieron poner sus obras precisamente en manos de lectores
poco experimentados en el “arte de la lectura”; lo cual no es en modo alguno
incompatible con el hecho de que hayan podido componer, ocasionalmente, textos
que, por su simplicidad técnica y contenido, hayan hecho las delicias de los más
jóvenes.
Por lo tanto, los jóvenes escolarizados ya no pueden
refugiarse, para disculpar su desinterés por la lectura, en la existencia de
ediciones realizadas sin un riguroso análisis de los textos seleccionados o sin
una cuidadosa reflexión previa sobre la naturaleza y estructura de tales
textos. Antes por el contrario, el mundo editorial es el primer interesado en
ayudar a que los jóvenes escolarizados lean -y a que lean precisamente la mejor
Literatura, con mayúscula-; y, en modo alguno puede responsabilizarse de la
posible aversión ante la belleza del lenguaje por parte de ese minoritario
grupo de jóvenes que aborrecen cualquier manifestación literaria, escrita o
no. Por lo general, el posible rechazo de obras tenidas como “clásicas” por
parte de ese sector del alumnado al que acabamos de aludir ha podido venir
motivado por dificultades de comprensión de unos textos literarios que exigen
ese esfuerzo lector sin el cual no es posible un mínimo desarrollo de
las capacidades comunicativas. A este respecto escribía J. J. Armas Marcelo en
el artículo “De la lectura”, publicado en el diario ABC el 18 de mayo de
1996: “La moda es ignorar que la lectura es una acción única, solitaria,
demorada y reflexiva, que nadie debe compartir con nada ni nadie, que no admite
medias tintas, y cuya exigencia fundamental es una exclusividad de doble
vertiente. La lectura es exclusiva y excluyente, requiere olvidarnos de la
tendencia al mínimo esfuerzo, nos obliga a robarle el tiempo a otras acciones y
exige una dedicación hipnótica que nos conmueve tanto que la lectura de ese
libro precisamente se vuelve angustia cuando estamos ya acabando de leerlo.
Porque, ¿encontraremos otro hallazgo semejante, otro libro parecido al que
leemos en ese momento, cuando hayamos terminado de leer su última página?”
Muchos de los que, como docentes, estamos, además, inmersos en el mundo
editorial, venimos defendiendo que la Literatura considerada como “clásica”
-con independencia del contexto histórico-social en que se haya producido- debe
seguir ocupando un lugar primordial en la formación de los adolescentes y, muy
en particular, de los escolarizados en la Educación Secundaria, tal y como
propugna la legislación vigente. Porque en una etapa decisiva para la
conformación de la personalidad, “lo clásico” -verdadero sostén de la
civilización occidental y, por tanto, de nuestra propia identidad- es un
referente fundamental para enriquecer el acervo cultural y desarrollar la
sensibilidad artística. Es, pues, necesario “recuperar” -seguir
recuperando, entre todos- el prestigio de “lo clásico” -dentro y fuera del
aula-, en aras de una educación integral más eficaz, tanto desde un punto de
vista intelectual como estético y, por tanto, profundamente humano. Y es,
igualmente, necesario seguir publicando libros de “literatura clásica”,
dirigidos a lectores juveniles; libros que aborden cualquier género literario
de cualquier época, en selecciones antológicas o bien en textos íntegros,
siempre elegidos en razón de su sencillez, amenidad y proximidad a la
sensibilidad de un lector actual; y en ediciones preparadas expresamente por
profesores de Educación Secundaria con probada experiencia de aula, y
conocedores, por tanto, de la idiosincrasia de los lectores a quienes están
destinadas.
No quisiéramos concluir sin reconocer aquí, por tanto, ese esfuerzo
editorial -sin subvenciones institucionales- que viene apostando por “la
juventud de lo clásico” y que nos proporciona a docentes y discentes
ediciones de literatura clásica, pensadas para ser usadas en el aula
-insistimos: y fuera de ella-, y capaces de orientar la comprensión de este
tipo de textos y, por tanto, de despertar en los jóvenes el goce estético. Y a
los docentes nos corresponde elegir libremente los mejores materiales bibliográficos
disponibles en el mercado para poner en manos de nuestros alumnos las ediciones
que requieren su nivel de desarrollo intelectual y preparación académica,
conscientes de que siempre existe ese libro que aún está por descubrir por un
potencial lector y que, sin duda, culminará todas sus aspiraciones emocionales,
intelectuales y estéticas.
COMUNIDAD ESCOLAR, nº 782, febrero de 2006