JUEGOS Y CANCIONES
UNA CANCIÓN

A E I O U,
son las vocales,
A E I O U,
sí, ellas son.
Esta es la canción
de las vocales,
A E I O U,
sí, ellas son.
[interludio]
Una parte son
del alfabeto,
A E I O U,
sí, ellas son.
A E I O U
son las vocales,
A E I O U,
muy lindas son.
______________
Recomendado: 4-7 años
Idea básica: Recordar las vocales y mejorar la dicción
Sonidos: Do - Re - Mi - Sol
El aprendizaje se realizará en
tempo muy lento, ayudará, a la vez que dará otro elemento de atracción, el
generar figuras corporales como las de un gato caminando en cámara lenta. Las
vocales serán cantadas -o aún dichas- muy marcadas y nítidas, luego, con el
correr de las clases, se incrementará la velocidad hasta llegar al tempo
recomendado.
De seguro los niños se trabarán
al dar más velocidad, esa es la idea, que estén más atentos en el proceso de
emisión. No los intimide ni apure, el cerebro de ellos sabe cómo lo tiene que
hacer pero no siempre logrará transmitirlo acertadamente; verá que con la
reiteración el canto sale de maravillas.
No hay duda que una 'pérdida de
tiempo' en la dicción es ganancia para toda la vida. El acompañamiento puede
asumir dos variantes:
1. Palmas en negras
2. Palmas en blancas con punto y
balanceo corporal. Es decir que tanto las palmas como el balanceo caen siempre
en el primer tiempo
Ambos argumentos rítmicos son
importantes, el primero por afirmar de modo directo los valores cantados, el
otro porque muestra una aparente lentificación y un recuerdo rítmico que hará
muy bien al desarrollo del niño. No es mala idea armar dos grupos para ejecutar
al mismo tiempo ambas situaciones rítmicas.
Un buen argumento gráfico
consiste en escribir, bien grande, en una pizarra, las letras. Con un puntero
golpeando sobre cada letra se ayudará al proceso de aprendizaje a la vez que
resultará una actividad entretenida. También puede armarse una dramatización
con letras gigantes, simplemente un cartón que cada niño sostendrá con sus
dos manos. Tempo recomendado Negra = 160.
UN CUENTO
CAPERUCITA ROJA
Había una vez una niña muy bonita. Su madre le había hecho una capa roja y la muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.
Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo.
Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque para llegar a casa de la Abuelita, pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: los pájaros, las ardillas...
De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella.
- ¿A dónde vas, niña?- le preguntó el lobo con su voz ronca.
- A casa de mi Abuelita- le dijo Caperucita.
- No está lejos- pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.
Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores: - El lobo se ha ido -pensó-, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles.
Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había observado la llegada del lobo.
El lobo devoró a la Abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita Roja llegó enseguida, toda contenta.
La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.
- Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!
- Son para verte mejor- dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.
- Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes!
- Son para oírte mejor- siguió diciendo el lobo.
- Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes!
- Son para...¡comerte mejoooor!- y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita.
Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita. Pidió ayuda a un segador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.
El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo. La Abuelita y Caperucita estaban allí, ¡vivas!.
Para castigar al lobo malo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó.
En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún desconocido que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su Abuelita y de su Mamá.
FIN