OPINIONES DE AYER
El saber utilitario, aquél que apuesta hacia la mejora
inmediata de
las competencias profesionales más especializadas, ejerce un dominio
arrollador en los distintos ámbitos culturales y científicos. Una nueva plaga
tecnocrática está conquistando también el mercado de la escuela y la educación.
Bienvenidas las preocupaciones prácticas alentadas por el deseo de encontrar
respuesta a una pregunta tan justa como elemental: ¿ Y esto cómo se hace? ¿Cómo
se guisa? Y que, traducida al oficio pedagógico, equivale al consumo de didácticas,
técnicas, estrategias, recursos y recetas de todo tipo —se dice— para
optimizar Ip enseñanza y el aprendizaje.
Ocurre, sin embargo, y con bastante frecuencia, que a
muchos profesores
les basta saber la aplicación de la receta y desdeñan el conocimiento real de
su génesis, sus ingredientes e incluso sus objetivos. Su actuación no es sino
un reflejo nítido e ilustrativo del estado actual de las ciencias de la educación.
La obsesión por la eficiencia, en psicología y pedagogía, aparca en un lugar
secundario la reflexión en torno al para qué enseñar y a otros interrogantes
intrínsecos de la teoría de la educación. Y si bien es cierto que el
pensamiento es débil y abstracto cuando elude la acción, no lo es menos que la
acción sin pensamiento le falta rigor y horizontes.
Verano es tiempo de reciclaje. Para el conocimiento útil o para el «inútil».
Es un momento privilegiado para reflexión colectiva, más allá de la cultura
estrecha de la profesión o para la especulación personal. Decía Bertrand
Russell que el sabio empleo del tiempo libre es un producto de la civilización
y educación.
Sería saludable, pues, el disfrute de nuevos placeres, el uso creativo y
no propagandístico del ocio, el aprender a no hacer nada, el abandono del
reloj, la quietud, el viaje, la aventura, el juego, la incursión en nuevos
saberes... y también otros deleites que nos están llamando a la puerta con más
insistencia que nunca.
Aprovechemos el verano, tiempo de aprendizaje del ocio y de esa otra
cultura «inútil» que tanto puede servirnos para vivificar la práctica
escolar, sembrar la duda y plantearnos, con registros más amplios y generosos,
qué estamos haciendo en la escuela y en la educación.
Cuadernos de pedagogía, nº 150, julio-agosto 1987