OPINIONES
El día después
Redactar un editorial sobre las elecciones es, a estas
alturas, un ejercicio de obviedades. Pero no queremos dejar pasar la oportunidad de invitar al lector a una reflexión postelectoral, aun cuando el paso de unas semanas difumine, sin duda, el fragor de los votos. No se trata de valorar resultados, prescribir actuaciones o de aventurar profecías, sino sólo de tratar de analizar la educación con una perspectiva sin agobios inmediatos. Una cosa parece clara. va a ser imprescindible ampliar con audacia el innegable esfuerzo educativo iniciado en las anteriores legislaturas socialistas. Más presupuesto, pero también una mayor con textualización de la reforma educativa en el aireado contexto de crisis económica y de valores. Asignación de más recursos para su efectiva realización en las aulas, ~C1Y) también un esfuerzo para implicar en la ren ovación educativa a todos los sectores sociales. Más y mejor formación de los educadores, pero también mayor sensibilidad de empresarios y sindicatos. Más voluntad política en la mejora de la calidad del servicio público de la educación, pero también un mayor esfuerzo en la dignificación de la pro fe-sión docente. La voz de los educadores debe dejarse oír con firmeza y autonomía tras el tiempo de los votos.Tomemos un ejemplo, el de la formación profesional. Todos los partidos estuvieron de acuerdo en la urgencia de su reforma para ponerla al servicio de las necesidades económicas, para amortiguar el impacto generacional de la crisis y para incentivar el ineluctable «ajuste del empleo». Pues bien, son los profesionales de la enseñanza —junto a otros agentes implicados—
quienes pueden aportar una visión globalizadora solidaria y humanista de tal reforma. Si se trata de que el sistema escolar reglado responda a las necesidades Macroeconómicas, habrá que distinguir cuáles son compatibles con la dignidad del ser humano y cuáles otras son requerimientos incompatibles con ella.La educación es demasiado importante como para dejarla en manos de los economistas y de los políticos. Para aportar un nuevo punto de vista, riguroso, no corporativista y útil socialmente, hay que
construir un pensamiento pedagógico autónomo. Y autónomo quiere decir aquí independiente de las imposiciones, explícitas o implícitas, tecnológico-económicas, mercantilistas y pragmáticas, así como de su discurso legitimador. Como es obvio, se trata de una reflexión cultural más amplia que la meramente escolar, pero ésta forma parte indisoluble de aquélla. Es más, sin una idea clara de qué escuela queremos y para que ciudadano, de poco valdrán los esfuerzos culturales desvertebrados. Tarea de todos, pero los educadores tienen, a nuestro juicio, una mayor responsabilidad en dar un impulso a esa ambigua aspiración colectiva de cambio que se ha expresado en las urnas, independientemente del voto de cada cuaL Ren ovación social es ren ovación pedagógica. A siete de junio del año en curso, el día después.Editorial de Cuadernos de Pedagogía, nº 216 de julio-agosto de 1993