Dinámica
de grupos y educación
Introducción
La
expresión "Dinámica de grupos" se emplea con distintas
connotaciones. En primer lugar, puede designar los fenómenos psicosociales que
se producen en los grupos humanos y las leyes que los rigen. En este sentido,
puede ser entendida como teoría de la interacción humana en los grupos
sociales; así será utilizada en nuestro trabajo. Otra acepción la entiende
como un conjunto de métodos y técnicas grupales aplicables a los individuos y
a las organizaciones sociales. En este caso preferimos valernos de la expresión
"técnicas grupales".
La
Dinámica de Grupos (DG) puede ser considerada un producto tardío de las
ciencias sociales, especialmente de la Psicología Social, aunque aparece también
estrechamente ligada a la Sociología y otras disciplinas. En la actualidad
puede considerarse una zona de articulación interdisciplinaria o aún como una
(sub)disciplina que se retroalimenta permanentemente de otras, a las cuales, a
la vez, nutre con sus desarrollos. En el campo educativo, la DG encuentra una de
sus aplicaciones más importantes, habiendo dado lugar a un territorio aún más
nuevo: Pedagogía de grupos, concepto con el cual se pretende dirigir la atención
hacia la cuestión grupal en el aula. Lo que tiene un docente frente a sí es
nada más (y nada menos) que un grupo humano. Pero: ¿qué se sabe acerca de los
fenómenos grupales? ¿O acaso un grupo es una simple suma de individuos? Estas
cuestiones son las que trataremos de dilucidar en nuestro trabajo. En primer
lugar, una clarificación conceptual y una caracterización epistemológica de
la Dinámica de Grupos, en vistas a su consideración como disciplina o
subdisciplina. En segundo lugar, nos acercaremos a las posibles aplicaciones
tanto de la dinámica como de las técnicas grupales al ámbito educativo. En
todo caso, debe tenerse muy en claro la siguiente confesión: el trabajo expresa
puntos de vista personales, que ofrezco a la discusión y que deseo compartir
con los lectores.
Caracterización
de la DG
La
DG es una rama de la Psicología o de las ciencias sociales que se interroga
acerca del comportamiento de los grupos humanos y de las personas que los
integran. Emplea, para convertirse en ciencia, todos los instrumentos a su
alcance, muchos de ellos tomados de otras disciplinas, como son la Psicología
Social, la Sociología, la Antropología, la Pedagogía, entre otras. Su objeto
de estudio son los grupos pequeños, en donde la DG aplica su propia
perspectiva, interesándose por los fenómenos psicosociales que ocurren en
estos grupos. Los métodos de investigación más importantes parten del
dispositivo de "grupo cara a cara", a partir del cual se desarrollan técnicas
e instrumentos variados, dependiendo de las escuelas que participan del campo
que, como veremos, van desde el Psicoanálisis, la teoría del campo, hasta el
behaviorismo norteamericano. Como en toda disciplina, se formulan hipótesis y
se elaboran principios generales y teorías con las cuales la DG intenta abordar
la comprensión de grupos más numerosos y de la sociedad en su conjunto. La
aplicación de la DG abarca campos que van desde la educación, la salud, la
promoción social, la economía, la política, etc. La disciplina aparece como
un producto tardío del modernismo, no casualmente relacionada con determinados
fenómenos histórico-sociales, como los efectos de las guerras, persecuciones,
aislamiento, malestar cultural, propuestas democratizantes y liberadoras, etc.
Esta
forma de caracterizar epistemológicamente la naturaleza de la disciplina, a
través de diversos campos o dominios –objeto de estudio, perspectiva, métodos,
instrumentos de análisis, paradigmas teóricos, campo de aplicación práctica,
condiciones históricosociales– se inspira en un trabajo de Heckhausen
presentado en un conocido Congreso de Niza (H. Heckhausen, 1975). A
estos campos podemos agregar cuestiones relacionadas con la comunidad científica,
con las incumbencias, con otras disciplinas, el dominio de lo político, el
dominio de lo axiológico, lo que ha sido discutido en un trabajo anterior (J.C.
Paradiso, 1996). Haremos una recorrida breve por estos dominios, antes de
pasar al campo práctico de la educación.
·
El objeto que estudia la
disciplina es el pequeño grupo (PG), conjunto reducido de personas que se
encuentran en interacción en un espacio y un tiempo determinado. Su número es
variable según los diferentes autores y escuelas. Podemos considerar que los
fenómenos grupales que nos interesan ocurren en aquellos grupos constituidos
por un mínimo de 4 personas hasta un máximo de 20 integrantes. Ello sin
olvidar que muchos autores aceptan un número no mayor de 10 a 12 personas, como
es el caso de los grupos originales de Bion y los T-group americanos. Más que
una delimitación precisa del orden cuantitativo, debe enfatizarse en aquellos
rasgos esenciales de estos grupos: interacciones directas, de cada miembro con
todo el resto, a partir de la percepción mutua por parte de todos los
integrantes de cada uno de los otros y del grupo como totalidad, cierta extensión
en el tiempo, objetivos y tareas compartidos, interdependencia y solidaridad,
fenómenos afectivos, creación de una subcultura grupal, un cierto grado de
estructuración con la aparición de roles dinámicos dentro del mismo, formación
de subgrupos, etc.
El pequeño grupo es a la
vez una herramienta de trabajo insustituible para que los participantes tengan
vivencias de la DG y un método de estudio privilegiado. Permite ensayar
diferentes intervenciones, estudiar reacciones propias y ajenas, en condiciones
controladas y protegidas. Allí es donde el equipo realiza sus observaciones a
partir de las cuales se produce la mayor parte de la teoría sobre DG en
cualquiera de las escuelas fundacionales.
Otros métodos, menos
específicos aunque también característicos, son una variedad de ejercicios
de sensibilización y apoyo. El psicodrama y el sociodrama,
constituyen una de las técnicas de mayor importancia e impacto. Su utilización
debe ser sumamente cuidadosa, a cargo de un equipo bien preparado. Otro método
usado con frecuencia en DG, es la discusión en grupo grande (reunión de
varios pequeños grupos que han trabajado previamente).También se recurre, a
las charlas teóricas, no un método de investigación de la disciplina,
pero sí de transmisión de conocimientos, naturalmente inespecífico. La
constelación metodológica de pequeño grupo, ejercicios de sensibilización,
grupo grande y exposiciones teóricas de apoyo constituyen la base del laboratorio,
esquema de trabajo que mantienen en lo esencial todas las escuelas teóricas.
·
Los instrumentos son las
herramientas y procedimientos a los cuales echan mano las disciplinas para
trabajar con los datos obtenidos. De ellos se valen los investigadores para
sistematizar los fenómenos de su disciplina. En nuestro caso la evaluación y
los procedimientos de investigación están emparentados. La DG trabaja con
seres humanos, que de una manera u otra se están sometiendo a una vivencia
intensa, en muchos casos virtualmente a merced del coordinador. Cuando éste
calla y permite los silencios, sabe que provocará ansiedad en los
participantes, que luego se podrá convertir en agresión o conflictos. El
simple recurso de pedir opinión a alguien que en un grupo está callado, puede
generar sentimientos intensos de ansiedad. La DG es una herramienta poderosa y
estos fenómenos tienen efectos tanto en la esfera afectiva, como en la
cognitiva y en la de actitudes y comportamientos. Por lo tanto, debe ser usada
con idoneidad y prudencia. Y la evaluación debe estar unida a la intervención.
A ello contribuye el feed-back, evaluación de la propia conducta de cada
participante transmitida por el resto. También es parte importante de la
evaluación, la intervención breve de cada participante en una ronda final para
reflexionar sobre la actividad del día. Muchas escuelas aplican la Investigación-Acción
participativa (IAP), aunque con una modalidad peculiar, idiosincrásica a la DG.
Otras se valen de la hermenéutica y las lecturas con base psicoanalítica. Y
también se utilizan instrumentos de tipo cuantitativo, dependiendo del marco teórico.
·
Condicionantes histórico-sociales:
El fenómeno de los grupos no se puede desligar de la existencia de la sociedad
industrial, que si bien no ha inventado los grupos, ha logrado manejar sus
fuerzas. Al demostrar la existencia de los fenómenos grupales, se ha infringido
al ingenuo egocentrismo de la humanidad una "mortificación" de forma
que se ha producido un nuevo giro epistemológico al producirse el
descentramiento del individuo por el grupo. Las otras graves mortificaciones van
asociadas a Copérnico, que nos quitó la ilusión de ser el centro del
Universo, Darwin que nos incluyó en la descendencia de los animales inferiores,
Freud, que nos quita el libre albedrío sobre nuestros actos al describir el
inconciente y desplazar al yo de su casa. Con la aceptación de los grupos y los
fenómenos grupales parece darse un nuevo golpe, esta vez al cuestionar el
individualismo. Aunque muchos hablan de un retorno al individualismo como fenómeno
postmoderno, en realidad no existiría una independencia soberana y asocial sino
en conexiones microgrupales. El nacimiento de la Psicología Social se vio
afectada por la segunda guerra mundial. Con el acceso de Hitler al poder, se
produjo una gran emigración de psicólogos a los EEUU, lo que permitió a este
país dar origen a una de las líneas más importantes de la dinámica de
grupos. (C. Huici, 1989)
·
Ubicación dentro de las
ciencias y contexto epistemológico:
La DG es una rama de la Psicología Social, ubicada entre las ciencias
sociales. Es una ciencia fáctica pero no natural. Esta definición epistemológica
es también una toma de posición ideológica frente al conocimiento, como
algunos habrán sospechado. Recibe aportes directos de la Psicología (en todas
sus vertientes teóricas). La Psicología Familiar trabaja con grupos pequeños,
pero de otro carácter: la familia, un grupo natural, y emplea métodos
diferentes. Junto con la Psicología Organizacional e Institucional y la
Psicología Comunitaria, integran diferentes niveles de la Psicología Social,
dentro de las cuales representa el nivel inferior, si exceptuamos al individuo.
Esto, naturalmente tiene que ver con el tamaño de los grupos que estudia cada
rama.
EDUCACION
COMO CAMPO DE APLICACIÓN DE LA DG
Ya
hemos expresado la importancia que la DG tiene para el docente y para la
institución escolar. No sólo se trata de caer en la cuenta que la DG puede ser
una herramienta para el mejor aprendizaje. Creemos que, en realidad, la DG debe
ser aplicada en el aula y que todo docente que se encuentra frente a un grupo
debe pensar en estos fenómenos e instrumentarse para poder hacer el mejor uso
posible de ellos.
No
todas las clases deben convertirse en un grupo operativo o un taller. Porque de
lo contrario podemos caer en extremos como la devaluación absoluta de la clase
teórica, o en el tallerismo. Se trata, sí, de tener presente que en la vida
escolar las interacciones son necesarias e inevitables, que ellas producen
afectos de todo tipo y que el docente puede canalizar y coordinar estos fenómenos
dinámicos a favor de un mejor resultado educativo, tanto en lo cognoscitivo,
como en lo actitudinal (esfera de los valores) y seguramente en lo procedimental,
en cuanto los cambios de conducta esperados sólo ocurren y son duraderos si son
asumidos por el colectivo del aula, por el grupo social.
Uno
de los factores que a veces ejercen una influencia nefasta en educación es la
prescripción de recetas o fórmulas rígidas. Es por eso que sólo pretendemos,
en este trabajo, llamar la atención sobre estos fenómenos, incluirlos en la
agenda y aportar algunas ideas de las cuales el docente podrá valerse según
las circunstancias y en la medida de sus posibilidades. Para ello, veamos
someramente las diferencias entre lo estudiado en la primera parte, en los pequeños
grupos experimentales, con respecto a la institución escolar y al aula.
En
primer lugar, el grupo clase es habitualmente, por su número, un grupo mediano:
20 a 30 alumnos, a veces más, en nuestras atiborradas aulas. El sistema de
bancos fijos al piso imposibilita o dificulta enormemente las interacciones
necesarias. De más está decir que lo primero que debería hacerse es modificar
esta disposición, si se acuerda con la lógica que estamos desarrollando. Pero
en el aula se requiere un pizarrón, lo cual significa que nuestro grupo muchas
veces deberá orientarse frente al mismo. Muchas veces ... no significa siempre.
La
clase es un grupo al cual no podemos calificar de experimental. En nuestros días
la clase conforma un grupo por lo menos naturalizado en nuestra sociedad, y de
una permanencia mucho más prolongada que los grupos experimentales. La
conformación del grupo suele ser relativamente estable, con algunas
incorporaciones y deserciones. Lo que sí cambia con bastante regularidad es el
docente a cargo, lo cual es otra diferencia importante con el coordinador de los
grupos experimentales, que suele permanecer a cargo del grupo durante toda la
experiencia.
Otra
diferencia importante en la clase es la exigencia de una tarea explícita (si
queremos usar términos de Pichon) o un nivel de trabajo (según Bion) exigido y
acordado institucionalmente. Ello convierte a la tarea con el nivel emocional en
un complemento –aunque insoslayable–. Mientras los grupos experimentales
persiguen objetivos como: estudio de la dinámica propia de los grupos, de las
relaciones afectivas entre los miembros, desarrollo de capacidades democráticas,
desarrollo humano y encuentro, etc., el grupo clase se conforma con una tarea de
aprendizaje de determinados contenidos que tienen que ver fundamentalmente con
la socialización, la inserción de los estudiantes en la comunidad, la
incorporación de un acervo cultural común, etc.
Queda
muy claro que la clase tiene, entonces, una tarea explícita. Ella deviene de su
inserción institucional –la escuela– y social. Estas inserciones marcan un
complejo marco de atravesamientos culturales, ideológicos, mandatos,
reglamentaciones, expectativas sociales, etc. Con todo lo que se ha dicho de los
contenidos escolares, como aislados o divorciados del contexto social, el pequeño
grupo experimental efectúa un recorte aún más cuidadoso, en cuanto además,
plantea situaciones limitadas en el tiempo y el espacio, dentro de un contexto o
encuadre preservado con la paciencia y prolijidad de un experimento. Volvamos al
aula: creo que no es necesario dar más argumentos sobre la imposibilidad de su
aislamiento verdadero.
Los
métodos a utilizar en el aula deben ser adecuados a las diversas
circunstancias, materias de estudio, metas, grupos de edades, etc. Es otra
diferencia con los métodos a veces estereotipados que tan celosamente defienden
las diversas corrientes de la psicología de los pequeños grupos.
Lo
mismo podríamos decir respecto a los paradigmas teóricos. Casi
invariablemente, las escuelas psicológicas que trabajan en DG adscriben a un
paradigma: psicoanálisis, teoría del campo, psicología rogeriana, etc. En el
aula haríamos muy pobre favor a nuestros educandos si pretendemos unificar sus
visiones del mundo. Es cierto que el docente no puede vivir sin ideología o sin
paradigmas. Pero la educación exige la pluralidad y uno de sus fines más
apreciados, por lo menos en las vertientes más actuales y progresistas, es el
respeto a la diversidad, a la heterogeneidad. Nos introducimos en un polémico
punto de debate. Pero se expone un punto de vista que, no por ser personal, deja
de ser compartido por muchos teóricos de la educación.
Las
diferencias apuntadas –y aún podríamos continuar– no significan que no nos
sirvan los desarrollos y aportes provenientes de la dinámica de grupos pequeños,
que son los mejor estudiados por la Psicología Social. Simplemente que debe
tenerse en cuenta las condiciones de aplicabilidad, lo que en el caso de los
contenidos los docentes conocen como transposición didáctica y que, en nuestro
caso, podríamos llamar transposición metodológica.
Los
dispositivos y las técnicas a emplear varían según las características del
grupo, la capacitación del docente, las exigencias o posibilidades de cada
tarea concreta, incluso de aspectos tan materiales como la disposición de los
asientos en el aula, los horarios institucionales, etc. Quien cree en la DG,
quien la ha practicado a conciencia, conoce una premisa: es un elemento
poderoso, pero no es inocuo. No existe recurso efectivo que no tenga su
contraparte. Un militar diría que no existe arma que no produzca rebote en el
hombro de quien la emplea. Un médico sabe que todo medicamento efectivo tiene
efectos colaterales, y que aquél producto que se vanagloria de carecer de
contraindicaciones o efectos adversos, es simplemente un placebo, una droga
inerte, ni buena ni mala.
Con
respecto a la DG, recordemos lo que Le Pen decía del alma de las masas, que
Freud tan brillantemente discute en Psicología de las Masas. Existen fenómenos
psicológicos que se activan y otros que pueden debilitarse cuando se trabaja en
un grupo. Si en las masas se activan los fenómenos emocionales y se embotan los
intelectuales, en los grupos organizados pueden lograrse resultados no sólo
emocionales sino también intelectuales, lo que significa el aprendizaje grupal.
Y de la interacción de lo intelectual y lo emocional podría lograrse con mayor
facilidad el cambio de actitud que tantas veces se procura desde la escuela con
respecto a ciertos hábitos. Hemos utilizado el recurso de los grupos operativos
en educación para la salud, basándonos en estos principios (Paradiso,
1990).
La
DG existe a pesar de todo. Y así como es imposible "no educar" porque
frente a una pregunta de nuestros alumnos podemos permanecer en silencio o
responder, pero siempre estaremos dando un mensaje, podremos o no, permitir que
los alumnos interaccionen en forma explícita, pero lo implícito siempre se dará
entre ellos, entre ellos y el docente, entre ellos y el conocimiento. Y el grupo
existe. Sepamos reconocerlo, sepamos utilizarlo o no, de una manera u otra,
durante nuestra clase se están produciendo los fenómenos que han sido
descritos en la DG.
Por
lo expresado, la actitud del docente frente a la DG debería ser, a mi criterio,
como una serie de peldaños a los que debería acceder en forma paulatina,
asegurando antes de cada nuevo paso el dominio del anterior:
·
Reconocer que el fenómeno existe,
independientemente de la modalidad de trabajo del docente.
Es decir que los grupos
de reflexión se encuentran en un difícil camino entre dos límites: o bien
pueden caer en la inoperancia, en la cual todos simulan estar de acuerdo, o por
lo contrario, que aparezcan disputas que se quedan en lo personal, y que el
coordinador no pueda encauzar la situación, provocando frustraciones, descrédito
del método o aún cosas peores.
·
Otra recomendación es la de
alternar las técnicas grupales con otras modalidades de enseñanza y
aprendizaje, para no saturar a los alumnos con estos métodos.
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