OPINIONES
Entre
los estudiantes de secundaria, se demuestra la escasa incidencia de la lectura
de obras de Historia o de biografías de personajes del pasado
(Artículo
aparecido en el nº 50-diciembre 2002 de la revista LA AVENTURA DE LA HISTORIA)
La
enseñanza de la historia en los niveles educativos secundarios ha sido y es
en España, no descubrimos con ello ningún secreto, objeto de permanente
debate. Se discute qué es lo que hay que enseJULIO
VALDEÓN es miembro de la Real
Academia
de la Historia.
Todo
indica que las lecturas históricas juegan
un reducido papel en las aulas españolas.
las
que los profesores de la disciplina que nos ocupa pretendían desarrollar poco
menos que lecciones magistrales, independientemente de que los alumnos de su
clase los siguieran o no. No obstante, la puesta en marcha de la LOGSE supuso,
en su momento, un cambio radical en la orientación de la enseñanza en nuestro
país. El docente es, ante todo, un educador, lo que significa que lo esencial
de su labor es seguir un camino adecuado para que los escolares progresen en
su formación.
La
labor del profesor
Como
complemento a lo que estable cían las normas acercá del “currículo” del
área de “Ciencias Sociales, Geografía e Historia”, el Ministerio de
Educación y Ciencia editó, hace algunos años, unas interesantes Guías
de recursos didácticos, en las que figuraban referencias a los más
variados materiales curriculares que podían y debían utilizarse en el aula.
Obviamente, los recursos audiovisuales desempeñaban un papel destacado en esa
Guía, pero también había que tener en cuenta los denominados
‘recursos didácticos impresos’, capítulo que incluye libros, cómics,
atlas, revistas, etcétera. Ni que decir tiene que en ese apartado figuran,
por ejemplo, algunas monografías de personajes históricos, tales como Hernán
Cortés, Martín Lutero, Buda, Gandhi... que formaban parte de la colección
denominada Historia del mundo para jóvenes,
editada por Akal/Cambridge.
Llegados
a este punto, surge un interrogante. ¿Qué lecturas históricas llevan a cabo
los estudiantes de los niveles de
ñar
a los niños acerca de la disciplina de la Historia, pero sobre todo cómo hay
que transmitir esas enseñanzas. Tradicionalmente, según lo señaló en su día
el conocido profesor e investigador de la trayectoria educativa española
Raimundo Cuesta, predominó una ‘historia sin pedagogía” o, lo que es lo
mismo, unas clases de Bachillerato en
la
enseñanza secundaria, entiéndase la Educación Secundaria Obligatoria o el
Bachillerato? En verdad no es fácil ni mucho menos, dar respuesta a esa pregunta.
Cuando se polemiza a propósito de la enseñanza de laHistoria, lo habitual es
que se saquen a colación los curricula que
figuran en las leyes educativas o, en última instancia, que se debata a propósito
de los contenidos de los libros de texto que utilizan los alumnos.
Ahora
bien, la realidad educativa depende, fundamentalmente, no de lo que digan las
normas legales o de lo que figure en los manuales escolares, sino de la labor
que desarrolle en la clase, día a día, el profesor con sus alumnos. Esta
cuestión, sin embargo, no resulta nada fácil de conocer a fondo, habida
cuenta de la diversidad de centros educativos, así como de la casi absoluta
imposibilidad para adentrarse en la actividad concreta que se desarrolla en
las aulas de los centros de enseñanza.
De
todos modos, hemos intentado acercarnos a la pregunta antes formulada por una
vía que, con todas las reservas, nos parece adecuada, aun cuando se limite,
justo es reconocerlo, a unos simples ejemplos. Así las cosas, en modo alguno
pretendo sacar conclusiones válidas para el conjunto de la enseñanza
secundaria en España. Simplemente se trata de una muestra, por más que
pueda
resultar significativa. El camino elegido ha sido la realización de una
encuesta, elaborada por un grupo de profesores amigos que trabajan, sin duda
alguna con gran entusiasmo, en institutos de enseñanza media. El total de los
alumnos encuestados, pertenecientes unos al primer curso de Bachillerato,
otros al segundo, fue de ochenta y
seis,
de los que veintidós pertenecen a la modalidad de Ciencias Sociales. Los
mencionados alumnos, por otra parte, cursan sus estudios en un instituto que
cuenta con una larga tradición histórica y que, además, está situado en el
centro de una gran ciudad.
En
la encuesta mencionada, se formularon a los alumnos tres preguntas:
¿Cuáles son los títulos de los cinco últimos libros que has leído?
¿Has leído alguna vez una novela histórica?
¿Os gustaría leer la biografía de algún personaje histórico?
Vamos
a dejar de lado la contestación a la primera pregunta de esa encuesta, que
no afecta directamente al
tema
que nos ocupa en este breve trabajo. Simplemente conviene recordar que en las
respuestas a esta cuestión se incluyen, por parte de los alumnos preguntados,
tanto obras clásicas, entre ellas La Ilíada,
La Celestina, El conde Lucanor o Don
Álvaro o la fuerza del sino, como publicaciones recientes de gran eco
publicitario, como por ejemplo El señor
de los anillos. Incluso aparecen en este apanado, aunque de forma
excepcional, nada menos que una biografía de Franco y una historia de España
en el siglo XIX.
En
relación con la segunda cuestión planteada, hay una mayoría que manifiesta
no haber leído nunca una novela histórica. Ahora bien, en el caso de los
alumnos de la modalidad de Ciencias Sociales son bastantes más los estudiantes
que afirman haber leído alguna vez una novela histórica que los que
responden negativamente a esa
pregunta.
Pese a todo, hay que tener en cuenta que las obras que los encuestados
presentan como novelas históricas leídas son muy discutibles, pues en ese capítulo
incluyen, entre
otras
publicaciones, La Regenta, La colmena, El
camino, La busca, El Lazarillo de Tormes o El
Quqote. También manifiestan algunos escolares encuestados haber leído El hereje, a la cual se puede considerar, entendemos que con todo
rigor, una auténtica novela histórica. Finalmente, hay que mencionar las
abundantes referencias que hacen diversos encuestados a la popular obra de
Arturo Pérez Revene El capitán Alatriste.
Sin duda se trata de la obra más leída por los estudiantes objeto de la
encuesta que estamos comentando, lo cual no resulta, en modo alguno,
sorprendente.
Escaso
interés en las biografías
De
todas formas, lo que resulta más decepcionante es, según todos los indicios,
la contestación a la tercera pregunta. Casi la mitad de los encuestados
afirman no tener el menor interés en leer biografías de personajes históricos.
El resto opina que, en función de las circunstancias, podría llevar a cabo en
alguna ocasión la lectura de
una
obra de ese tipo. En cualquier caso, da la impresión de que las respuestas
de un notable porcentaje se limita a decir “sí” por razones de educación,
aunque no aporten ningún otro dato de interés. Una minoría, en cambio, expone
el tipo de biografías históricas que le interesaría leer, mencionando a
personajes tan variados como Julio César, los Reyes Católicos, Juana la
Loca, Felipe II, Napoleón, Gandhi, Hitler, Che Guevara y otros.
¿Es
posible sacar alguna conclusión de esta encuesta? Insistimos, una vez más, que
se trata de un simple muestreo, por lo que pretender aplicar esos resultados
al conjunto del alumnado español resultaría de todo punto inadmisible. Es
posible que ofrezca un perfil medio quizá bastante ajustado al panorama
actual de nuestros escolares de la enseñanza secundaria. Todo parece indicar,
en definitiva, que las lecturas históricas, entiéndase novelas de esa índole
o biografías de personajes, juegan un papel muy escaso en el ámbito
educativo actual de España.
Julio
Baldeón, miembro de la Real Academia de la Historia